El presidente de la UIA, Martín Rappallini, afirmó en una entrevista con Infobae en Vivo que la industria necesita una baja de impuestos, revisión de costos y herramientas propias para competir en un escenario de mayor apertura económica. También sostuvo que el sector funcionó como ancla frente a la inflación, porque los precios industriales subieron menos que el índice general y que los servicios. El planteo incluyó aportes patronales, derechos de exportación, crédito para pymes, empleo industrial y el avance comercial de China, al que vinculó con reglas desparejas para producir y vender en el mundo.
Durante la entrevista, el titular de la entidad fabril relacionó la pérdida de competitividad con la estructura tributaria y con las condiciones que enfrentan los productos nacionales frente a bienes importados. En ese marco, expresó: “Bajemos los impuestos, porque hoy se hace difícil competir con un mundo globalizado, muy agresivo por parte de China. El sector industrial necesita tener condiciones para poder competir”.
Impuestos y costos: la industria pidió condiciones para competir
Rappallini sostuvo que la UIA mantiene conversaciones permanentes con el Gobierno para avanzar en medidas que permitan mejorar la capacidad de competencia del sector manufacturero. Según indicó, entre los puntos en análisis aparecen la reducción de aportes patronales y la creación de un régimen específico para la industria.
El dirigente planteó que ese esquema debería tener características similares al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones, conocido como RIGI. Según explicó, ese instrumento ayudó a emparejar la carga tributaria de actividades ligadas a recursos naturales con la de países competidores en esos rubros, como Chile, Australia, Estados Unidos o Perú.
A partir de ese antecedente, el presidente de la UIA señaló que la industria también requiere herramientas propias para competir con economías como Brasil o China. Su planteo se apoyó en el peso que tienen los costos fiscales sobre la producción local, especialmente cuando las empresas argentinas deben enfrentar productos que llegan desde otros mercados.
La presión impositiva fue uno de los ejes principales de la charla. Rappallini la vinculó con el nivel de informalidad de la economía y afirmó: “La presión fiscal está en torno a 50 puntos, pero hay un 40% de informalidad, entonces aparece como 30 porque hay una gran parte que no paga”.
RIGI y exportaciones: el esquema que la UIA puso sobre la mesa
Dentro del mismo análisis, Rappallini marcó avances en la reducción de los derechos de exportación aplicados a productos industriales. Indicó que la Argentina se encuentra entre los pocos países que todavía conservan ese tipo de gravámenes y recordó que ya fue aplicada una primera etapa de rebajas destinada a las pymes.
También precisó que una segunda fase se implementará de manera escalonada hasta el próximo año. En su explicación, el objetivo de revisar esos cargos aparece vinculado con la necesidad de que las empresas tengan más margen para competir tanto en el mercado interno como en el externo, sin sumar costos sobre la producción.
Actividad y empleo: el panorama que describió el presidente de la UIA
Además del esquema tributario, Rappallini habló sobre el estado de la actividad productiva. Dijo que el escenario para la segunda mitad del año se presenta “complejo” y consideró necesario “motivar el consumo y generar condiciones para que haya crédito, para que todos los sectores que están rezagados vuelvan a reactivarse”.
El titular de la UIA afirmó que la industria funciona con una dinámica desigual entre actividades. Para describir esa situación usó la expresión “a dos velocidades”, ya que algunas ramas no lograron recuperar los niveles de actividad de 2022, entre ellas la construcción, el sector textil, el calzado, la metalmecánica y los autopartistas.
Según detalló, en esos rubros la actividad permanece entre 25% y 30% por debajo de los registros de 2022. A nivel general, agregó que el conjunto del sector manufacturero todavía se ubica cerca de un 10% por debajo de aquellos niveles, que, de acuerdo con su descripción, ya arrastraban un atraso de casi 15 años.
Rappallini también mencionó señales de crecimiento en la economía y una expansión de las exportaciones. Sin embargo, remarcó que el análisis debe incluir a todos los sectores productivos, porque persisten dificultades relacionadas con la pérdida de empleo y el cierre de empresas dentro del entramado industrial.
Sobre el empleo industrial, afirmó que desde mediados de 2023 se perdieron 70.000 puestos. Además, sostuvo que la situación de las compañías no puede evaluarse solo a partir de los indicadores con avances, ya que algunos sectores continúan afectados por caídas de actividad, problemas financieros y menores niveles de producción respecto de años anteriores.
Pymes, tasas y precios: la inflación apareció como otro punto clave
El impacto financiero sobre las pymes también formó parte de la entrevista. Rappallini sostuvo que las pequeñas y medianas empresas fueron las más golpeadas por el fuerte incremento de las tasas de interés, debido al efecto directo sobre sus balances y sobre la posibilidad de sostener financiamiento de corto plazo.
En ese marco, mencionó la puesta en marcha de un esquema destinado a facilitar la renegociación de deudas empresariales y permitir que las firmas regularicen su situación. Según explicó, la iniciativa fue elaborada junto con los bancos y surgió como respuesta a las dificultades provocadas por la crisis financiera registrada entre septiembre y octubre del año pasado.
El dirigente recordó que, durante ese período, las tasas de interés llegaron a ubicarse cerca del 100%. Para las empresas que necesitan financiar capital de trabajo, comprar insumos o cubrir pagos de corto plazo, ese nivel tuvo un efecto directo sobre la forma de operar y sobre los balances del sector.
Rappallini también se refirió a la evolución de los precios industriales frente a otros componentes de la inflación. En su evaluación, la industria actuó como un factor de moderación durante los últimos 2 años, porque sus precios crecieron por debajo del nivel general y bastante por debajo del incremento registrado en los servicios.
“Cuando se observan los niveles de inflación de los últimos 2 años, la inflación general estuvo en torno al 180% o 190%, los servicios alrededor del 300%, muy por encima de la inflación general, y la industria en 120%. Nosotros hemos sido un gran ancla para la inflación”, dijo el presidente de la UIA.
A partir de esa comparación, relacionó los precios industriales con la necesidad de revisar la carga fiscal. Su planteo fue que, si los valores fabriles aumentaron menos que otros componentes de la economía, una mejora de las condiciones impositivas podría dar más margen a las empresas para competir en el mercado interno y también en el externo.
China y comercio global: las reglas parejas quedaron en el centro del planteo
Otro punto señalado fue el ingreso de productos importados en condiciones más favorables desde el punto de vista tributario y arancelario. Rappallini advirtió que esos bienes llegan al mercado con ventajas que reducen de manera significativa sus costos frente a la producción local, lo que vuelve más exigente la competencia para las firmas radicadas en el país.
El titular de la UIA enmarcó esa preocupación en un fenómeno internacional más amplio. Dijo que la inquietud por el avance comercial de China no se limita a la Argentina y mencionó que Estados Unidos, Europa y Brasil comenzaron a aplicar medidas para enfrentar esa situación. “Hoy el mundo está tomando nota de la agresividad comercial de China y aplicando medidas”, aseguró.
En su análisis, China tiene un peso central en ramas manufactureras de gran escala. Rappallini remarcó que ese país concentra cerca del 55% de la producción mundial de acero, automóviles, aluminio y plásticos, y advirtió que cuenta con capacidad para aumentar todavía más esa participación.
El presidente de la UIA sostuvo que una concentración excesiva de la producción manufacturera global podría afectar el funcionamiento del comercio internacional. En ese punto, vinculó la discusión sobre apertura económica con la existencia de condiciones equivalentes entre países y empresas que participan de los mercados.
“El libre comercio funciona cuando hay reglas parejas para todos. Si tenés un país que directamente subsidia exportaciones, no vas a tener libre comercio, va a ser un monopolio total, con destrucción de los tejidos industriales y empresas a nivel global”, concluyó.

