El mito de que los toros “odian” el color rojo está totalmente extendido en las corridas, pero los especialistas explican que estos animales ni siquiera perciben ese tono y que su reacción en la arena no se debe al color rojo, sino al movimiento del capote y a la forma en que fueron criados. En los espectáculos de toros que se realizan desde hace siglos en España y otros países, se usa una tela roja mientras se somete al animal a golpes y heridas repetidas hasta que, casi siempre, termina muerto, sin que el color tenga influencia directa en su comportamiento.
El mito del color rojo y la reacción de los toros en la arena
En las corridas tradicionales, el torero se para frente al toro y mueve un capote rojo de más de un metro de largo, mientras el público mira cómo el animal embiste una y otra vez. Desde hace años se repite que los toros atacan porque no soportan el color rojo, pero estudios sobre su visión muestran que no distinguen ese color como lo hace una persona, por lo que no puede ser el motivo de su reacción.
El uso del color rojo en estos eventos tiene más que ver con la costumbre y con tapar la sangre que con lo que realmente ven los toros; de hecho, cualquier otro color fuerte produciría el mismo efecto si se agitara igual frente al animal. A pesar de eso, la imagen del toro corriendo detrás de la tela roja se mantiene como símbolo de la tauromaquia en España y en otros lugares donde siguen vigentes estas prácticas.
En la plaza, el toro entra rodeado de ruido, luces y gente gritando, lo que aumenta su confusión, mientras el torero mueve el capote rojo cerca de su cara para llamar su atención. Bajo esas condiciones, la reacción del animal no está guiada por el color rojo, sino por todo el ambiente hostil que lo rodea y por los movimientos bruscos que detecta frente a él.
Por qué los toros embisten el capote más allá del color rojo
Los especialistas señalan que los toros embisten el capote por el movimiento rápido y no por el color rojo, ya que su vista no está preparada para diferenciar bien los tonos como el ojo humano. Este tipo de ganado ve peor los detalles finos, pero sí nota con claridad cuando algo se agita con violencia delante suyo, y reacciona con un ataque defensivo.
Además, se comprobó que estos animales no son buenos para captar movimientos suaves o lentos, aunque sí responden con fuerza a los golpes de tela bruscos y repentinos que se hacen en las corridas. Por instinto, relacionan esos movimientos rápidos con una posible amenaza, por lo que la tela roja, al agitarse de forma violenta, funciona como disparador de esa respuesta agresiva, que igualmente aparecería con un paño de otro color.
En medio del ruido de la multitud y de los estímulos que lo rodean, el toro se enfoca en lo que se mueve más cerca de él, que suele ser el capote rojo en manos del torero. Sin embargo, lo que realmente guía su carrera es la combinación entre el miedo, la desorientación y la forma en que su sistema visual responde a lo que se mueve bruscamente delante de sus ojos, y no una supuesta rabia especial contra el color rojo.
La genética de los toros de lidia y su agresividad en las corridas
Quienes estudian la tauromaquia remarcan que la agresividad de los toros usados en corridas está fuertemente marcada por la selección genética que se hace desde hace generaciones. Para criar toros de lidia se eligen de manera muy estricta los animales considerados más “bravos”, y con ellos se arma la línea de reproducción que luego termina en las plazas.
Este proceso hace que los toros destinados a estos espectáculos nazcan ya con una tendencia mayor a reaccionar con violencia ante estímulos fuertes, lo que se suma al estrés del lugar y al movimiento constante del capote rojo. De esa manera, la reacción del animal durante la corrida se explica por la genética y por lo que ocurre en la arena, sin que exista un rechazo especial al color rojo como se cree de forma popular.

