A 49 años del inicio de la última dictadura, los testimonios de Gabriela Schroeder Barredo y María Ramírez reconstruyen cómo el terrorismo de Estado impactó en sus infancias. Gabriela fue secuestrada junto a sus hermanos durante un operativo realizado en mayo de 1976, mientras que María quedó separada de su familia tras el ataque en la casa que habitaban en Almirante Brown. Ambas atravesaron traslados, cautiverio e instituciones estatales o religiosas. Su testimonio pone el foco en los niños afectados por la dictadura y en los reclamos de reconocimiento judicial.
Gabriela tiene 53 años y, mientras viajaba por Chile, continuaba reuniendo recuerdos e información sobre lo que vivió con sus hermanos durante mayo de 1976. Su historia está atravesada por el secuestro de su madre, Rosario Barredo, de William Whitelaw y de los tres chicos.
María, por su parte, tenía 4 años cuando vio por última vez a su madre, Vicenta Orrego Meza. Luego del operativo policial en la vivienda familiar, ella y sus hermanos pasaron por una comisaría, un tribunal de menores, un orfanato y finalmente un hogar dependiente de una parroquia.
El secuestro de Gabriela y sus hermanos durante la dictadura
Gabriela Schroeder Barredo es hija de Rosario Barredo, militante tupamara uruguaya, y de Gabriel Schroeder, asesinado el 14 de abril de 1972. Gabriela nació 10 días más tarde, mientras su madre se encontraba detenida. Después de recuperar la libertad, Rosario formó pareja con William Whitelaw.
De esa relación nacieron Victoria, en 1975, y Máximo, en marzo de 1976. La familia vivía en la calle Matorras al 310, donde compartían la vida cotidiana junto a los tres niños y a Corbata, el perro boxer de la casa.
Cerca de las dos de la madrugada del 13 de mayo de 1976, un grupo de represores argentinos y uruguayos ingresó a la vivienda. Se llevaron a Rosario Barredo, a William Whitelaw y a Gabriela, Victoria y Máximo. Los vecinos ofrecieron quedarse con los chicos, aunque los secuestradores no aceptaron esa alternativa.
“A mis hermanos y a mí nos secuestraron. Nos tuvieron cautivos. Trataron de apropiarse de nosotros. Nos usaron como instrumento de tortura. Fuimos víctimas directas. Todavía falta que la historia hable de nosotros, los niños”, afirma Gabriela.
Desde aquella madrugada, Gabriela no volvió a tener contacto con Corbata. Con el tiempo le dijeron que el animal había sido visto en Automotores Orletti. Para ella, el operativo terminó de golpe con la vida familiar que conocían los tres hermanos.
La base Bacacay y los días de cautiverio
Gabriela conoció recién en 2020 el lugar donde había permanecido detenida junto a sus hermanos: la base Bacacay. El sitio fue identificado como el primer centro clandestino administrado por la Secretaría de Inteligencia de Estado, SIDE.
Ingeniera de profesión, aportó un relato detallado que permitió reconocer a la base Bacacay dentro del recorrido de cautiverio de los chicos. Entre las escenas que conserva está un encuentro con Willy en un baño, que vivió como una despedida.
Según su recuerdo, él le dijo que la quería mucho y que se cuidara. También conserva la última imagen de Rosario Barredo, cuando se la llevaban del lugar donde estaba cautiva para asesinarla. Gabriela recuerda los nervios de su madre al advertir que la niña más pequeña la seguía.
Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz fueron ejecutados. Sus cuerpos aparecieron el 21 de mayo de 1976 dentro de un Torino borravino, 8 días después del secuestro de la familia. Para ese momento, Gabriela ya había sido separada de Victoria y Máximo.
Después de la separación, los captores la llevaron a una casa y luego a un departamento. Más adelante, los tres hermanos fueron entregados a Juan Pablo Schroeder, abuelo de Gabriela, quien los buscó hasta encontrarlos.
El testimonio de María Ramírez tras el ataque
La historia de María Ramírez comenzó con otro operativo represivo. La Brigada de Lanús llegó a la casa que su familia alquilaba en un barrio humilde de Almirante Brown y comenzó un ataque a balazos sin aviso previo.
En la vivienda estaban María, de 4 años; Carlos, de 5; Mariano, de 2; y un perro que escapó para esconderse detrás de la heladera. Carlos corrió detrás del animal y una bala lo rozó.
Vicenta Orrego Meza pidió que permitieran salir a sus hijos. Después de ese pedido fue acribillada. Su cuerpo nunca fue encontrado, aunque existen testimonios que indican que la policía retiró el cadáver en un carro.
Los tres niños quedaron al cuidado de vecinos, que finalmente los llevaron a la comisaría de Adrogué. Desde allí fueron trasladados al Tribunal de Menores de Lomas de Zamora, que estaba a cargo de la jueza Delia Pons, identificada con la dictadura.
Pons no localizó a los familiares de los hermanos Ramírez. Primero dispuso su envío a un orfanato y luego ordenó el traslado a la Casa de Belén, un hogar que dependía de la parroquia Sagrada Familia de Banfield. Los chicos permanecieron allí casi 7 años.
La Casa de Belén, la búsqueda familiar y el fallo de 2023
María describe su paso por el hogar como un período de sufrimiento. Allí, según su relato, hubo golpes, humillaciones y penitencias, entre ellas la obligación de comer con los perros. Además, señaló haber sufrido abusos sexuales reiterados durante su estadía en la institución.
Mientras María, Carlos y Mariano estaban en esos lugares, sus familiares los buscaban. Lucila, tía de los niños, logró encontrarlos, pero Delia Pons rechazó entregárselos. Julio Ramírez, padre de los tres, los reclamaba mientras estaba detenido y continuó haciéndolo tras salir del país con “opción”.
Los fundadores del Centro de Estudios Legales y Sociales, CELS, intervinieron para obtener una decisión favorable de la Corte. También participaron en la preparación de los chicos para el encuentro con su padre, luego de los años de separación.
María viajó a Suecia, aunque el traslado no terminó con sus miedos ni con la tristeza por la distancia respecto de su madre. El arte se convirtió en una forma de expresar el dolor acumulado y sus pinturas empezaron a sumar colores cuando una resolución judicial reconoció los padecimientos de los hermanos.
En 2023, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata resolvió que lo sufrido por María, Carlos y Mariano en el Hogar Casa de Belén se asemejaba en numerosos aspectos a la metodología utilizada en los campos de concentración.
A finales de 2024, María expuso sus obras en la Asociación de Magistrados y pidió que las declaraciones de los niños fueran escuchadas con respeto y credibilidad. “Es importante tomar los relatos de los niños con respeto y credibilidad –les dijo. No hacerlo es una obra maestra de la injusticia”.
Gabriela presentó una querella en Uruguay por lo que vivió y espera que la Justicia argentina juzgue lo ocurrido en la base Bacacay, que no integró el tramo elevado a juicio por una decisión de la Cámara Federal porteña. “Hay que construir memoria para que con los niños no se metan nunca más”, sostiene.

