Sobredosis y un médico muerto sacuden a hospitales por fiestas clandestinas con medicamentos robados

La Justicia investiga desvío de anestésicos del Hospital Italiano tras la sobredosis de un médico muerto vinculado a supuestas reuniones privadas con propofol y fentanilo.

Una investigación judicial por desvío de anestésicos del Hospital Italiano de Buenos Aires se encendió con todo después de que un anestesista apareciera como médico muerto por una sobredosis de propofol y fentanilo en su departamento, y ahora la causa salpica a profesionales, controla recetas y destapa audios sobre supuestas “fiestas” con drogas legales. La sospecha es que medicamentos de uso exclusivo hospitalario habrían salido por atrás del mostrador desde 2023 hasta febrero de 2026, mientras la muerte de ese colega, ligada a esa sobredosis, empuja a la Justicia a mirar con lupa qué pasaba en guardias, depósitos y reuniones privadas.

El caso gira alrededor de Alejandro Zalazar, anestesiólogo de 31 años, que fue encontrado sin vida en su vivienda de Palermo con una vía puesta y ampollas de anestesia tiradas al lado, y cuya autopsia confirmó que murió por sobredosis de propofol y fentanilo. Con ese dato clave, los peritos rastrearon el origen de los fármacos hasta el Hospital Italiano y destaparon un sumario interno que ya dejó a dos médicos bajo la lupa y separados de sus cargos por presunto robo de estupefacientes.

Mientras tanto, en los pasillos de varios centros de salud porteños empezaron a circular relatos sobre los llamados “Propo Fest”, encuentros privados donde un grupo reducido de anestesistas y residentes habría usado esas mismas drogas que, mal aplicadas, pueden causar apnea y terminar igual que este médico muerto. Esas versiones, con audios y cadenas de WhatsApp, hoy forman parte del ruido alrededor de una causa que combina trazabilidad de medicamentos hospitalarios, sospechas de desvío y una muerte etiquetada como “dudosa”.

Desvío de anestésicos, médico muerto y un sumario que explotó puertas adentro

La primera alarma fuerte se encendió cuando el análisis de las ampollas encontradas en el departamento de Zalazar mostró que los medicamentos eran parte del stock del Hospital Italiano. No se trataba de remedios comprados en una farmacia, sino de fármacos de uso estrictamente hospitalario, que se usan en quirófanos y estudios complejos, y que no deberían aparecer jamás en la mesa de luz de un departamento particular.

Frente a ese dato, el hospital activó controles administrativos internos y, tras revisar movimientos de depósito, recetas y registros, apuntó a dos profesionales: un anestesiólogo de planta y una residente de tercer año de anestesiología. La institución informó que ambos fueron apartados de sus funciones por “robo de estupefacientes”, a la espera de lo que siga arrojando la causa penal y el sumario interno. Las investigaciones internas buscan reconstruir, paso a paso, cómo habría salido cada ampolla del circuito formal.

En paralelo, la Justicia abrió una causa específica por el faltante de propofol, bajo el expediente N° 8922/2026, iniciada el 23 de febrero. Según fuentes judiciales, se investiga una posible administración fraudulenta contra el Hospital Italiano, con maniobras que se habrían extendido desde 2023 hasta mediados de febrero de 2026. El expediente todavía no tiene carátula definitiva, pero se analiza si corresponde imputar hurto, con penas de hasta 2 años, o administración fraudulenta, que habilita castigos de hasta 6 años de prisión.

La pesquisa la lleva adelante la División de Organizaciones Criminales de la Policía de la Ciudad, que el 12 de marzo realizó tres allanamientos con resultado positivo. De esos operativos surgieron más datos sobre el posible circuito de circulación de los medicamentos, que, de confirmarse, mostraría un mecanismo sostenido en el tiempo para sacar fármacos de alto riesgo del ámbito hospitalario y ponerlos en manos de particulares fuera de cualquier control.

Quiénes son los médicos señalados y qué dijeron sobre el robo de drogas

Dentro del expediente, los dos profesionales puestos en el centro de la escena son Hernán Boveri y Delfina Lanusse. Para ambos se fijó la prohibición de contacto entre sí y restricción para salir del país, mientras se siguen recolectando pruebas. Las citaciones a indagatoria se hicieron en dos tandas, el 18 y el 25 de marzo, y la fiscalía sumó declaraciones testimoniales de otros médicos y personal administrativo, además de pericias sobre registros de farmacia interna y stock de anestésicos.

Según las fuentes consultadas, Boveri decidió guardar silencio en su indagatoria y se abstuvo de contestar preguntas, una estrategia habitual cuando las defensas prefieren primero conocer a fondo el expediente. Lanusse, en cambio, hizo un descargo oral y adelantó que lo ampliaría por escrito. De acuerdo con los voceros judiciales, la médica habló sobre cuestiones personales y se mostró como víctima, pero no aportó información considerada clave para destrabar el eje central de la causa, que es reconstruir el camino de los fármacos desde el depósito hospitalario hasta los domicilios particulares.

Los investigadores se enfocan en un posible desvío sistemático de medicamentos que no se venden en farmacias ni están disponibles como productos de venta libre. Se trata de drogas legales, usadas todos los días en quirófanos y salas de procedimientos, pero con controles muy estrictos. Por eso, remarcan que los hechos no se encuadran en el delito clásico de narcotráfico, sino en figuras como hurto o administración fraudulenta contra la institución, con el agregado de que uno de los supuestos consumidores terminó como médico muerto por sobredosis.

Mientras la causa por el faltante de propofol avanza, la muerte de Zalazar corre por otro expediente, bajo la carátula de “muerte dudosa”. La Justicia intenta determinar si el anestesista, que trabajaba en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y había sido residente en el Hospital Bernardino Rivadavia, obtuvo los medicamentos directamente de la maniobra que se investiga en el Italiano o a través de terceros. Este cruce de causas judiciales es el que hoy sostiene el vínculo entre la sobredosis mortal y el presunto robo de fármacos.

“Propo Fest”, audios filtrados y las versiones sobre fiestas con bombas de infusión

Mientras se contaban ampollas y se revisaban planillas, en el ambiente médico circulaban relatos cada vez más escabrosos sobre reuniones privadas en las que se usaban anestésicos como si fueran parte del entretenimiento. Profesionales consultados describieron esos encuentros como “Propo Fest”, nombre que habría quedado instalado entre un grupo chico de anestesistas y residentes de distintos hospitales de la ciudad, donde se hablaba de uso recreativo de propofol y fentanilo con bombas de infusión.

En audios y cadenas de WhatsApp que se viralizaron entre médicos, se menciona que en esas juntadas participaban colegas del Hospital Rivadavia y del propio Hospital Italiano. En uno de esos mensajes se afirma que “hacían fiestas con bombas de infusión y había una persona encargada de ambucear cuando aparecía la apnea”, y se remarca que “todo el material que usaban era del hospital”. En otro tramo de esos intercambios, alguien sostiene que “el fallecido había ido alguna vez a esas reuniones”, aunque aclara que se trata de comentarios que circulan entre colegas, sin respaldo documental.

En esos mismos chats también se menciona la supuesta presentación de certificados médicos truchos por parte de algunos anestesistas para no presentarse el día que les tocaban controles antidoping. Todas esas descripciones, según remarcan las fuentes, se basan únicamente en dichos de terceros, sin documentos oficiales que las respalden. Las autoridades judiciales consultadas subrayaron que hasta ahora ninguna de esas versiones está acreditada en actuaciones formales, y que en el expediente no figura probado que hubiera fiestas sexuales, sino solo reuniones en domicilios particulares donde, según las líneas que se investigan, podría haber habido intercambio o autosuministro de anestésicos.

Cómo murió Alejandro y qué revelaron la autopsia y el SAME

En medio de esa trama de sospechas, la muerte de Alejandro Zalazar es el punto más duro del caso. El anestesista, que trabajaba de guardia en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y había hecho su residencia en el Hospital Bernardino Rivadavia, fue encontrado sin vida el 20 de febrero en su departamento del barrio porteño de Palermo. La autopsia confirmó que la causa de muerte fue una sobredosis de propofol y fentanilo, dos drogas que se administran por vía intravenosa mediante bombas de infusión, muy usadas en cirugías y estudios endoscópicos.

El SAME detalló que el hallazgo se produjo luego de que un familiar llamara a la policía por no tener noticias de Zalazar desde el día anterior. Ese viernes 20 de febrero, alrededor de las 17, personal médico y efectivos policiales ingresaron al departamento. Según el parte, lo encontraron tirado en el piso de la habitación, sin signos vitales, con una vía colocada en el pie derecho y elementos descartables de inyección cerca del cuerpo. No se detectaron signos de violencia ni en el departamento ni en el cuerpo.

Dentro de la vivienda también había ampollas de anestésicos, que luego fueron analizadas en la investigación de trazabilidad que terminó señalando al Hospital Italiano como origen. Voceros judiciales consultados indicaron que se investiga si Zalazar formaba parte del círculo de médicos que consumía drogas obtenidas a partir de la sustracción de esa institución. Esa hipótesis, aún bajo análisis, es una de las líneas que intenta unir el expediente por muerte dudosa con la causa por presunto robo de fármacos.

El propofol y el fentanilo, las dos sustancias detectadas en el cuerpo del anestesista, son agentes anestésicos de uso exclusivo hospitalario. Mal usados, pueden provocar una depresión respiratoria severa, o directamente apnea, que requiere asistencia ventilatoria inmediata con equipos y personal entrenado. Los testimonios médicos recabados hablan de un uso recreativo a través de bombas de infusión similares a las de quirófano, lo que coincide con los relatos sobre las llamadas “Propo Fest” que hoy se analizan en los tribunales.

En el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, donde Zalazar se desempeñaba de guardia, la noticia de su fallecimiento se difundió mediante un mensaje institucional. El 23 de febrero, la Asociación de Profesionales del hospital publicó en redes sociales: “Con profundo pesar comunicamos el fallecimiento del Dr. Alejandro Zalazar, anestesiólogo de guardia de nuestro hospital. Acompañamos a sus familiares y compañeros en este doloroso momento”.

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