El psicoanalista Jorge Alemán analizó la relación entre el inconsciente y la ideología, a partir de lo que llamó una melancolización de los sectores populares. Según su planteo, determinados gobiernos no solo producen pérdidas de derechos y condiciones de vida, sino que esas situaciones pueden ser asumidas por las personas como fracasos propios. Para desarrollar su hipótesis, retomó el texto Duelo y Melancolía, publicado por Sigmund Freud en 1917, y trasladó algunos de sus conceptos al plano social y político.
Alemán sostuvo que el estudio de las formas de dominación del capitalismo debe contemplar la participación del inconsciente en la construcción de representaciones ideológicas. Por eso, propuso sumar las determinaciones materiales del inconsciente al análisis de la ideología.
Su desarrollo parte de una diferencia central entre el duelo y la melancolía. Aunque ambos procesos se vinculan con una pérdida, tienen efectos distintos sobre la persona y sobre la manera en que interpreta lo que le ocurre.
La diferencia entre duelo y melancolía según Freud
En Duelo y Melancolía, Freud distingue la melancolía de una tristeza profunda y la define como una modalidad particular del duelo. El sujeto pierde un objeto amado, que puede ser una persona, un ideal, un lugar en la vida o un proyecto político, pero no logra reconocer completamente qué se fue con esa pérdida.
De acuerdo con la lectura recuperada por Alemán, en el duelo el mundo se percibe vacío o empobrecido porque falta aquello que se perdió. En la melancolía, en cambio, el deterioro recae sobre el propio yo: la persona pasa a verse como indigna, sin valor o despreciable.
Freud describió que el melancólico se acusa, se humilla y se considera incapaz de recibir amor. Sin embargo, esos reproches que parecen dirigidos hacia sí mismo habían tenido, en un principio, otro destinatario: el objeto perdido. La fórmula que sintetiza ese mecanismo es: “La sombra del objeto cayó sobre el yo”.
La pérdida que se vuelve contra la propia persona
Alemán explicó que, bajo esa lógica, el sujeto se identifica de forma inconsciente con lo que perdió. A la vez, la decepción y la hostilidad que podían estar dirigidas hacia ese objeto se vuelcan contra el propio yo, dando lugar a la culpa, el autorreproche y la crueldad del superyó.
El texto también menciona que, en situaciones graves, puede aparecer riesgo suicida. El castigo contra sí mismo representa al mismo tiempo un ataque contra el objeto perdido, que quedó incorporado dentro del sujeto.
Los sectores populares y la pérdida de derechos
Sobre esa base, Alemán propuso la expresión “plan de melancolización de los sectores populares”. Con ese concepto describió una estrategia política atribuida a gobiernos crueles, que no se limitarían al empobrecimiento material, sino que buscarían afectar la confianza, la memoria colectiva y la imaginación política.
La melancolía trasladada al terreno social aparece, en su planteo, como el resultado de un duelo fallido. La pérdida de trabajo, salario, vivienda, derechos e instituciones públicas deja de ser entendida como consecuencia de decisiones políticas y pasa a sentirse como una derrota personal o una insuficiencia de quien la atraviesa.
Así, quien sufrió una pérdida puede terminar reprochándose aquello que le fue quitado. Alemán ubicó en ese desplazamiento una operación decisiva: la violencia que llega desde afuera se incorpora al sujeto y luego se dirige contra él mismo.
La secuencia descripta comienza con una pérdida concreta de derechos y condiciones de vida. Después, se niega una causa política para esa situación, se responsabiliza a las personas afectadas y se debilitan los vínculos solidarios. La impotencia, según el texto, puede derivar en culpa, vergüenza y nihilismo resentido.
La sombra del poder cruel sobre el yo popular
Alemán definió la melancolía como el “temple de ánimo” que se impone desde el orden implantado por la ultraderecha contemporánea. Según sostuvo, la crueldad alcanza mayor eficacia cuando no necesita actuar únicamente desde afuera, porque logra que el sujeto se desprecie y ataque a otras personas que viven una situación parecida.
Al reformular la frase de Freud, el autor señaló que “la sombra del poder cruel cae entonces sobre el yo popular”. En su hipótesis, la inercia de la política actual y el bloqueo de experiencias transformadoras se relacionan con ese carácter fallido del duelo.
El texto contrapone esa fijación con el proceso de duelo, entendido no solo como una despedida, sino como una relectura de lo perdido y la posibilidad de inventar un futuro. La melancolía, por el contrario, permanece atada a la pérdida e impide investir un proyecto nuevo.
Alemán indicó que modificar esa lógica requeriría poner un nombre político a la pérdida, separar la responsabilidad personal de la violencia estructural y reconstruir los lazos colectivos. Cuando el dolor se vuelve una experiencia compartida, “la melancolía puede abrirse hacia el duelo, y el duelo hacia una nueva capacidad de acción”.


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