Un ingeniero salteño de 45 años, Albert Tejerina, está a días de meterse de lleno en el desierto de Sahara, en Marruecos, para correr la brutal Marathon Des Sables, una prueba de ultradistancia donde tendrá que soportar más de 270 kilómetros en siete días casi sin ayuda externa. La carrera arranca el 5 de abril y durante una semana estará rodeado solo de arena, calor extremo, noches heladas y una mochila de casi 10 kilos a la espalda. El salteño será el primer representante de la provincia en esta competencia que muchos llaman “la más dura del mundo”.
El desafío que se fijó el salteño en pleno desierto de Sahara
En medio de la rutina salteña, con sus cerros, calles y calor norteño, Albert Tejerina se prepara para dejar todo y medirse cara a cara con uno de los desafíos más extremos del planeta en el desierto de Sahara. Este ingeniero en sistemas, nacido y criado en Salta, viaja para ser parte de la edición número 40 de la famosa Marathon Des Sables, una competencia que desde 1986 junta a más de mil corredores de todo el mundo dispuestos a bancarse lo que muchos ni se animan a imaginar.
La carrera se disputa en el sur de Marruecos, en pleno desierto de Sahara, y no se trata solo de “ir a correr un rato”: son unos 270 kilómetros repartidos en seis etapas a lo largo de siete días, con régimen de autosuficiencia casi total. Eso significa que la organización solo aporta agua y el techo donde dormir, y que cada uno tiene que cargar todo lo demás en la mochila: comida, ropa, abrigo, botiquín, elementos de higiene, utensilios y todo lo que necesite para sobrevivir en ese infierno de arena.
El calendario ya está definido: el inicio está marcado para el 5 de abril. Dos días antes, los corredores serán trasladados hasta el campamento base, bien metido en el desierto de Sahara, donde les harán controles médicos, revisarán el equipo obligatorio y, desde ahí, no verán nada de “civilización” hasta el 11 de abril. Para ese día está previsto el regreso a una ciudad y el 12 se hará la fiesta de cierre con podio y entrega de premios.
Albert explicó que esta edición es especial porque marca los 40 años de la Marathon Des Sables y, por eso, la organización decidió hacerla todavía más dura. La etapa más larga, que antes rondaba los 80 kilómetros, ahora será de 100, lo que estira la distancia histórica de 250 kilómetros hasta los 270 que deberán completar los participantes este año. Según detalló, esto se suma a todos los otros factores: calor extremo, noches frías, arena suelta, viento y el cansancio acumulado día tras día.
El salteño remarcó que la logística personal será clave. Calcula que va a largar con una mochila “cerca de los 10 kilos”, lo que para él marca “una diferencia gigante” con cualquier otra carrera o aventura en la que participó. Apenas llega a cada campamento después de correr, tendrá que armar su lugar para dormir, preparar su comida y organizar lo poco que lleve para poder aguantar toda la semana sin quedarse sin nada esencial.
Autosuficiencia, mochila pesada y calor brutal: así será la vida del salteño en el Sahara
En la Marathon Des Sables no hay hoteles, ni restaurantes, ni nadie que te lleve la valija. Cada corredor es responsable de cargar casi todo lo que necesita para siete días en el desierto de Sahara y aguantar con eso hasta el final. Albert Tejerina lo tiene clarísimo: desde el primer día va a llevar a la espalda la comida deshidratada que va a almorzar y cenar, el abrigo para la noche, la cocinita para calentar agua, el botiquín, elementos para higiene, la linterna y todo lo que crea necesario.
Al terminar cada etapa, la organización les arma carpas colectivas donde duermen de a ocho. En lo posible, los juntan por idioma, así que el salteño supone que va a compartir carpa con otros latinoamericanos o españoles. Eso suma también una parte social, porque ahí se cruzan historias de gente que viene de distintos países, pero con la misma pasión por la montaña, los desafíos extremos y las carreras largas.
La amplitud térmica del desierto de Sahara es otro golpe fuerte para el cuerpo. Albert contó que en el día la temperatura puede subir a unos 45 grados, con un sol que te pega de frente y se refleja en la arena, y que a la noche puede bajar hasta cero. Ese cambio brusco los obliga a ir muy atentos a la hidratación, al abrigo, al manejo del cansancio y a cómo recuperarse con lo poco que tienen encima.
La arena, además, es una enemiga silenciosa. No solo complica porque se corre sobre un terreno blando, sino porque se mete en las zapatillas y termina lastimando los pies. Por eso, el salteño se hizo preparar polainas especiales, cosidas por un zapatero, que se pegan con velcro a las zapatillas para tratar de sellarlas lo más posible. “El tema de la arena es super complicado”, explicó, y advirtió sobre el sol del desierto: “es increíble el reflejo de la arena y cómo te quema”, por lo que también deberá cuidar la piel, la vista y la hidratación.
En medio de ese ambiente tan hostil, la organización suma un sistema de seguridad para evitar que la cosa se vaya de las manos. El primer día les entregan un dispositivo GPS para seguimiento, control y rescate en caso de emergencia. Albert recordó que en las primeras ediciones hubo participantes que se perdieron en el desierto, aunque todos terminaron con final feliz. Aun así, pidió que no se largue una tormenta de arena, porque eso puede cambiar por completo la experiencia y hacerla mucho más dura.
El esquema diario de la Marathon Des Sables es claro: casi todos los días se corren entre 30 y 40 kilómetros, salvo una única etapa larga, que suele ser la cuarta y que este año será nada menos que de 100 kilómetros. Recién el día anterior avisan exactamente cómo se arma el recorrido, pero los siete días completan los 270 kilómetros totales en un nivel de exigencia casi constante, con pocas horas de verdadero descanso.
Entrenamiento salteño al límite para aguantar el desierto de Sahara
Para llegar en condiciones al Sahara, Albert Tejerina viene entrenando hace meses en Salta con una rutina sin pausas, combinando cerros, asfalto, calor y peso extra. Contó que lleva unos seis meses de trabajo continuo, “sin un solo día libre”, siguiendo un plan diseñado por su entrenador, Guillermo Morea, de La Plata. El esquema incluye trabajo aeróbico, ejercicios de fuerza, bicicleta y una preparación específica para simular lo que más pueda las condiciones que le esperan en África.
En la ciudad y alrededores, el salteño se dedicó a correr tanto por calles como por cerros, además de sumar gimnasio y rodajes largos. A esto le agregó entrenamientos bajo peso, donde corre con mochila cargada para acostumbrarse a la sensación de llevar encima lo mismo que tendrá que cargar en la Marathon Des Sables. De esa manera, no solo entrena la distancia, sino también el impacto constante del peso sobre la espalda, los hombros y las rodillas durante varios días seguidos.
Una parte importante de su preparación fue viajar cada tanto a Cafayate para entrenar en zonas con terreno más parecido al del desierto de Sahara. Allí hizo doble turno en lugares como Los Médanos y La Yesera, buscando arena, calor fuerte y condiciones que se acerquen un poco a lo que encontrará en Marruecos. Incluso, para que el cuerpo se vaya adaptando al calor extremo, llegó a entrenar en pleno verano con camperas y prendas tipo polar, a propósito, para que la temperatura interna suba y el cuerpo aprenda a responder bajo estrés.
Además del físico, Albert remarcó que la cabeza juega un papel clave en este tipo de pruebas. Dijo que cuando el cuerpo ya no da más, el clima se pone más duro y todavía faltan kilómetros, la diferencia la hace la parte mental: seguir, aguantar, no bajar los brazos y manejar la frustración si algo no sale como estaba previsto. Recordó que “es una carrera que miro desde que empecé a correr” y que durante años la siguió por internet, soñando con algún día largar él mismo en esa línea imaginaria en medio del Sahara.
Ese sueño ahora se volvió realidad, pero también implicó planificación económica y logística. El salteño contó que cuenta con apoyo de varias marcas que le aportan parte del equipamiento necesario: mencionó a Reaktor, Innova Salud, Cumbres, Outdoor y Óptica Pascal, entre otras. Sin embargo, aclaró que el gasto más grande, como la inscripción, los pasajes y toda la organización previa, corrió por su cuenta.
Del trail salteño a las grandes ligas: el largo camino de Tejerina hasta el Sahara
Aunque para muchos recién ahora su nombre se vuelve viral, Albert Tejerina viene de una larga historia en el trail running, con carreras en Salta, Argentina y el exterior, que lo fueron empujando hasta el desierto de Sahara. Desde chico fue deportista, pero hace unos 12 años se metió de lleno en el mundo del trail, donde se corre en entornos naturales como montañas, senderos, bosques o ríos.
Con el tiempo fue sumando pruebas de cada vez mayor dificultad. Participó en la famosa Ultra Trail de Mont Blanc, una de las carreras más reconocidas del planeta, que atraviesa Francia, Italia y Suiza. También corrió la Ultra Pirineu, en España; la Zegama Aizkorri, en el País Vasco; y la Indomit Costa Esmeralda, en Brasil, en las zonas de Porto Belo, Itapema y Bombinhas. A eso se sumó el Vulcania Ultra Trail, en Samaipata, Bolivia, y el Paso Austral, un cruce de Bariloche hacia Chile por el Paso de los Vuriloches.
Dentro de Argentina, el salteño acumuló kilómetros en distintas provincias: mencionó competencias fuertes en Córdoba, en la Patagonia y, por supuesto, en Salta y Jujuy, donde el trail running tiene un espacio cada vez más grande. Sin embargo, a pesar de esa larga lista, siente que la Marathon Des Sables es otra cosa totalmente distinta: no solo por la distancia, sino por la combinación de autosuficiencia, clima y aislamiento.
“Esta no es una carrera más”, remarcó Albert, al hablar de la complejidad de manejar la poca comida que se puede llevar, el agua limitada que les entregan, la diferencia entre el calor del día y el frío de la noche, el viento, la arena que se mete por todos lados y la piedra que castiga los pies. Cada año más de mil personas de distintos países se anotan para esta experiencia, pero muchos no llegan al final, justamente por la cantidad de factores que se juntan en una sola semana.
Otro punto que el salteño dijo tener muy presente es el desgaste mental. Después de varios días sin baño, sin cama, sin comida “normal” y bajo un clima tan agresivo, la cabeza se cansa tanto como el cuerpo. Por eso, viene trabajando también esa parte para no quebrarse cuando la situación se ponga más complicada. A esto se suma que la navegación del recorrido se hace siguiendo marcas y un roadbook, complementados con el GPS que entrega la organización para controlar por dónde van los participantes.
En estos días previos al viaje, Albert está enfocado en pulir los últimos detalles: revisar una y otra vez la mochila, decidir qué se queda y qué se va, cómo repartir el peso, cuánta comida deshidratada llevar por día y qué elementos mínimos no pueden faltar para no poner en riesgo su salud. Señaló que será el primer salteño en competir en la Marathon Des Sables y uno de los pocos argentinos que se anotaron en la historia de esta carrera, que ya lleva 40 años corriéndose en el corazón del desierto de Sahara.

