El 27 de julio se conmemora en Argentina y en distintos países de América del Sur el Día del Perro Callejero. La jornada está dedicada a los animales que viven en la vía pública, donde pueden quedar expuestos a enfermedades, maltrato, falta de alimento y accidentes de tránsito. La fecha busca impulsar la asistencia, la adopción, la castración y las campañas de vacunación para los caninos que no tienen hogar.
Los riesgos que enfrenta un perro callejero en la vía pública
Los perros que permanecen en la calle atraviesan distintos peligros propios de la vida urbana. Entre ellos se encuentran las enfermedades, las heridas, la falta de agua y comida, además del riesgo de sufrir accidentes de tránsito.
Antes de ayudar a un animal, resulta importante observar con atención su estado. Esa evaluación puede permitir detectar lesiones, posibles fracturas, infecciones o conductas de alerta, como la agresividad.
El acercamiento debe hacerse con cuidado y respetando los tiempos del perro. Se recomienda dejar que el animal se aproxime por sus propios medios, sin asustarlo ni forzar el contacto.
Agua, alimento y atención veterinaria
El acceso a agua limpia y a una alimentación adecuada es una necesidad para los animales que viven en la calle. Muchos no cuentan con lugares suficientes donde hidratarse o conseguir comida durante el día.
Ofrecer estos recursos también puede generar un vínculo de confianza y facilitar una asistencia posterior. La consulta con un veterinario permite conocer el estado de salud del perro y definir tratamientos, dietas o medicamentos cuando sean necesarios.
La fecha promueve adopción, tránsito y castración
Otra alternativa es brindar un refugio transitorio en un espacio seguro, seco y con condiciones adecuadas. Este tipo de alojamiento puede ayudar a que el animal se recupere de heridas o cuadros de malnutrición mientras se adapta a la vida en un hogar.
El tránsito es una modalidad temporal que numerosas personas utilizan para recibir a perros callejeros. La conmemoración del 27 de julio también apunta a promover la adopción responsable y a informar sobre las consecuencias del abandono y de la falta de castración.
El origen de la efeméride se remonta a 2008, cuando Ignacio Gac, estudiante chileno de periodismo, propuso establecer una jornada para fomentar la adopción de perros. La elección del 27 de julio se relaciona con el invierno en el hemisferio sur, una etapa en la que las bajas temperaturas afectan a los animales sin resguardo.


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