El corazón del comercio en Salta está atravesando un momento que los propios empleados describen como una pesadilla: paritarias limitadas al 1%, despidos que se multiplican en silencio, locales que bajan la persiana y salarios que ya no alcanzan ni para lo básico. Gremios y empresarios coinciden en que las ventas se derrumbaron entre un 10% y un 30%, y el Sindicato de Empleados de Comercio advierte que todos los días se acercan salteños a hacer la liquidación final porque se quedaron sin trabajo, mientras crece la bronca por la caída brutal del poder adquisitivo.
El goteo de despidos que golpea al comercio salteño
En la sede del Sindicato de Empleados de Comercio de Salta no paran de recibir gente. Según su conducción, todos los días llegan trabajadores que se quedaron sin laburo y buscan ayuda para cerrar sus cuentas. El secretario general, César Guerrero, no dudó en describir el panorama como un “goteo constante”, señalando que “todos los días hay compañeros que se acercan al sindicato para hacer sus liquidaciones finales”, aunque muchos de esos despidos ni siquiera figuran en estadísticas oficiales.
Guerrero dejó en claro que este drama no se limita al típico local chico de barrio. Contó que incluso una sucursal de una importante cadena nacional, ubicada en pleno centro de la ciudad de Salta sobre calle 20 de Febrero, cerró sus puertas y dejó a varios empleados en la calle de un día para el otro. Relató que el mismo cuadro se repite en el interior de la provincia, donde se multiplican los casos de gente de comercio que se queda sin ingresos de manera repentina.
El gremialista mencionó especialmente a Tartagal como una de las zonas más castigadas por la combinación explosiva de caída de ventas y apertura de importaciones. Según explicó, “los compañeros de esa localidad sufren en gran medida el cierre por las importaciones”, al quedar los comercios locales en clara desventaja frente a la avalancha de productos de afuera que llegan más baratos y les comen el mercado.
En este contexto, Guerrero admitió que el sindicato no maneja un registro preciso en números de cuántos puestos de trabajo se perdieron, porque las consultas llegan “de a uno, de a dos, de a tres” y muchas desvinculaciones nunca pasan por el gremio. Algunas personas van directo a la Secretaría de Trabajo y otras negocian el final de la relación laboral dentro del mismo comercio, sin aviso formal al sindicato, lo que para el dirigente configura frecuentes “despidos encubiertos”.
Paritarias limitadas al 1% y salarios que ya no alcanzan
Mientras los negocios venden menos y ajustan personal, el frente salarial suma otra capa de tensión. Desde el sindicato de comercio salteño cuestionan con dureza el techo del 1% que, según sostienen, se impone en las negociaciones colectivas a nivel nacional. Guerrero afirmó que, desde la llegada del actual Gobierno nacional, “las paritarias quedaron clavadas en un índice del 1%” y advirtió que las autoridades laborales avisan que no se van a homologar acuerdos que superen ese porcentaje porque lo atan a una inflación que, según su visión, no refleja lo que pasa en la calle.
Para el gremio, el punto más sensible es la pérdida del poder de compra. Guerrero fue tajante al describir el efecto de estas paritarias limitadas sobre el bolsillo de los empleados de comercio: “El poder adquisitivo de los salarios de cada uno de los trabajadores y trabajadoras se vino al piso. No se recompone, no hay manera de recomponerlo”, sostuvo, marcando que con un ajuste topeado en el 1% es imposible seguirle el ritmo a los aumentos en alimentos, nafta, servicios y remedios.
El sindicalista también apuntó al rol del Gobierno nacional en la homologación de los acuerdos firmados entre las partes. Explicó que incluso cuando la Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECYS) llega a un entendimiento con cámaras empresarias como la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) o la Unión de Entidades Comerciales Argentinas (UDECA), esos convenios pueden frenarse en la revisión oficial.
Según su descripción, no sólo se establece un techo porcentual para los incrementos, sino que además se revisa el contenido detallado de las cláusulas y, si algo no convence a la autoridad laboral, “se ponen en reparo”. Guerrero subrayó que “no sólo te ponen un límite en los porcentajes, sino que te dicen: ‘esto no me gusta, hay que arreglarlo’”, lo que en los hechos retrasa o bloquea la aplicación de aumentos ya discutidos entre sindicatos y empleadores del sector.
Consumo por el piso, pymes cerradas y reforma laboral en marcha
La caída del consumo completa el cuadro de alarma. Guerrero indicó que la baja en las ventas pega de lleno en el nivel de actividad del comercio y termina empujando más despidos. Señaló que, al no haber gente comprando como antes, los dueños de los locales se encuentran “ante la imposibilidad de tener los volúmenes de venta que tenían normalmente o que les eran redituables en su negocio”, lo que vuelve insostenible mantener la misma cantidad de empleados.
En su repaso, el dirigente recordó que en los últimos años dejaron de funcionar alrededor de 22.000 pequeñas y medianas empresas en todo el país y que se perdieron casi 200.000 puestos de trabajo, con el sector comercial entre los más alcanzados. Destacó que cerca del 75% del empleo del rubro depende justamente de estas pymes, no de las grandes cadenas, y remarcó que “son esos pequeños negocios de 2, de 3, de 5 empleados los que se están cerrando”, generando un impacto directo y visible en la calle.
Guerrero también vinculó la situación laboral con la apertura de las importaciones. Afirmó que la llegada masiva de productos del exterior afecta tanto a la industria nacional como a los comercios minoristas salteños, “sobre todo a los comerciantes más pequeños, de los cuales más nos nutrimos”. A esto le sumó la presión de la informalidad y el contrabando, que los empresarios del rubro marcan como otro obstáculo fuerte para sostener la actividad con todos los papeles en regla.
Al hablar del marco normativo, el titular del sindicato no ahorró calificativos y definió la reforma laboral como “este mamarracho de reforma laboral o de modernización”. Indicó que, pese a los amparos y medidas cautelares impulsados por la CGT y distintos gremios, la normativa ya está operativa y, en su opinión, anticipa “un panorama muy complicado para los empleados”, con conflictos que esperan que se expresen en los lugares de trabajo y en las negociaciones colectivas.
Para graficar el desfasaje entre ingresos y gastos, Guerrero comparó el techo de las paritarias limitadas con los últimos incrementos de servicios. Detalló que el boleto del transporte urbano tuvo un aumento del 26%, mientras los sueldos del sector siguen atados al 1%. Sumó los aumentos de la nafta, los alimentos y los medicamentos, y se detuvo especialmente en la realidad de los jubilados del comercio, quienes, según comentó, ya no reciben la misma cobertura en remedios que tenían antes. “Es un combo”, resumió sobre la combinación de caída del consumo, pérdida del poder adquisitivo y recorte de beneficios que afecta a “cada uno de los trabajadores y trabajadoras”.

