La desaparición de Marita Verón, una joven de 23 años de Tucumán, sigue sacudiendo al país más de dos décadas después. El caso arrancó el 3 de abril de 2002, cuando salió de su casa para una consulta médica y jamás volvió. Desde entonces, su madre, Susana Trimarco, se convirtió en símbolo de pelea contra la trata: llegó a hacerse pasar por clienta en prostíbulos, mientras la Justicia avanzaba en causas que terminaron con 13 condenas ligadas a esta brutal desaparición.
El expediente se volvió clave para mostrar cómo operaban las redes de trata de personas en el país y cómo se nutrían de chicas captadas en la calle. La historia de Marita salió de Tucumán y se convirtió en tema de debate nacional, con marchas, reclamos y juicios que se siguieron paso a paso en los medios y en las redes sociales.
En 2014, luego de años de declaraciones y reconstrucciones, un tribunal dictó una sentencia histórica: 13 personas fueron declaradas culpables por su participación en el caso y por su vínculo con la explotación sexual vinculada a la desaparición de la joven.
La desaparición de Marita que encendió todas las alarmas en Tucumán
Marita tenía 23 años cuando, según la causa judicial, salió de su vivienda en Tucumán rumbo a una consulta médica de rutina y nunca regresó. Desde ese día, su nombre se convirtió en sinónimo de desaparición vinculada a trata de personas.
Las investigaciones apuntaron a que fue agarrada por una organización dedicada al tráfico y explotación sexual de mujeres. Los expedientes describen maniobras típicas de estas redes: captación en la vía pública, traslado y sometimiento en prostíbulos de distintas provincias.
A pesar de allanamientos, testimonios y años de búsqueda, el paradero de Marita sigue sin conocerse. Su rostro recorrió canales de televisión, afiches, marchas y posteos virales, mientras la causa avanzaba con decenas de testigos que contaron cómo funcionaban esos lugares de explotación.
La madre que se metió como clienta en prostíbulos para buscar a su hija
Ante la falta de respuestas, la madre de Marita, Susana Trimarco, decidió moverse sola y empezar a buscarla por su cuenta. Sin entrenamiento policial ni apoyo formal, se metió en prostíbulos de distintas zonas del país presentándose como supuesta clienta, con la excusa de averiguar sobre “los servicios” del lugar.
En esas recorridas no encontró a su hija, pero sí se topó con decenas de mujeres y niñas explotadas sexualmente. De cada visita salía con nombres, datos, descripciones de dueños y madamas, que luego terminaron formando parte de causas penales y ayudaron a rescatar a numerosas víctimas.
Los juicios, las 13 condenas y el impacto en las leyes de trata
Todo el material que la madre de Marita reunió, sumado a los operativos oficiales, fue incorporado en diferentes expedientes judiciales. Con esa base probatoria se pudieron armar grandes juicios contra integrantes de redes de trata que venían operando desde hacía años.
Uno de esos procesos cerró en 2014 con un fallo clave: 13 personas fueron condenadas por su responsabilidad en el caso ligado a la desaparición de Marita Verón y al funcionamiento de la estructura de explotación sexual. Ese veredicto marcó un antes y un después en el abordaje judicial de estos delitos.
El trabajo sostenido de Susana Trimarco, que empezó como una búsqueda desesperada de una madre que se hace pasar por clienta para encontrar a su hija, fue mencionado en informes y debates legislativos como uno de los factores que impulsaron el endurecimiento de las leyes contra la trata en Argentina, tanto en la persecución penal como en la asistencia a las víctimas rescatadas.


Desaparición de Marita Verón: la búsqueda de una madre que se hizo pasar por clienta para enfrentar la trata