Un joven salteño de 23 años recibió una condena condicional por amenazar y hostigar a su propia madre, pero con una condición que dejó a todos helados: deberá irse de la provincia de Salta y fijar residencia en Córdoba. La medida se dictó tras un juicio abreviado, luego de que se comprobara que el muchacho violó una y otra vez la orden judicial que le prohibía acercarse a la mujer y a su casa. La Justicia resolvió así después de una larga seguidilla de incidentes violentos y desobediencias.
La condena: 11 meses de prisión y exilio forzado a otra provincia
El caso terminó en los tribunales con un acuerdo de juicio abreviado, donde el acusado admitió los hechos. A partir de eso, el juez le dio 11 meses de prisión en forma condicional y le impuso como regla mudarse de manera definitiva a Córdoba, sin poder permanecer en Salta. Además, se le mantuvieron las restricciones de contacto con su madre.
En la sentencia se dejó claro que el joven no puede acercarse a la casa de la víctima ni a menos de 300 metros de ella. Esa prohibición ya venía desde antes, pero la violó tantas veces que la Justicia decidió endurecer las condiciones. Ahora, cualquier presencia del muchacho en la provincia podría ser tomada como incumplimiento.
Mientras el joven organiza su salida de Salta y su llegada a Córdoba, el fallo ordenó un refuerzo clave: la vivienda de la madre deberá tener custodia policial permanente. Según la resolución, esta medida se tomó para prevenir nuevos episodios de violencia durante el tiempo que dure el traslado del condenado.
Cómo empezó el conflicto familiar y la intervención de la Justicia
La historia no arrancó de un día para el otro. A fines de 2024, la Justicia intervino por primera vez tras denunciarse episodios de violencia del hijo contra la madre dentro de la vivienda familiar. En ese momento se dictaron medidas de protección a favor de la mujer y se obligó al joven a irse de la casa.
En esa primera resolución, se le prohibió acercarse a la madre y a su domicilio en un radio de 300 metros. Sin embargo, con el correr de los meses, el muchacho empezó a desobedecer de forma reiterada la orden judicial, lo que terminó siendo clave para llegar a la condena actual.
Amenazar, romper y volver: una seguidilla de ataques
El primer incumplimiento registrado fue en febrero de 2025. Desde entonces, el joven volvió varias veces a la casa familiar, pese a saber que no podía aparecer por ahí. Cada regreso venía cargado de tensión: según el expediente, el muchacho lanzaba nuevas amenazas y armaba disturbios en la vivienda.
En una de esas oportunidades, la situación se puso todavía más heavy. El joven le advirtió a la mujer que “rompería todo” dentro del inmueble y que se iba a llevar una motocicleta. Esa frase quedó asentada en la causa como una de las tantas amenazas que sumaron peso a la imputación.
Hacia fines de 2025, la escalada siguió subiendo. En noviembre, el acusado le mandó un audio a su madre exigiéndole que lo dejara entrar a bañarse y, en ese mismo mensaje, la amenazó con “explotar” el portón si no le abrían. Días después, el portón amaneció dañado y, cerca de la Navidad, el joven regresó otra vez y terminó rompiendo una ventana de la casa.
Durante enero y febrero de este año, la situación se volvió casi diaria. En ese lapso, la Justicia registró en total 15 hechos distintos de desobediencia a la orden de restricción, además de amenazas, daños materiales y hasta un hurto que le atribuyen al mismo joven dentro de este conflicto familiar.
Detención, juicio abreviado y advertencia final del juez
Con tantos episodios acumulados, el muchacho finalmente fue detenido y llevado nuevamente ante la Justicia. En la audiencia se acordó el juicio abreviado, se fijó la condena condicional y se estableció que debía irse a vivir a Córdoba, lejos de la casa de su madre en Salta.
La sentencia dejó una advertencia contundente: si el joven vuelve a violar cualquiera de las condiciones impuestas, desde la prohibición de acercarse a su madre hasta la obligación de residir en Córdoba, será enviado de manera directa a la cárcel.

