Juan Carlos Vázquez, un hombre de 68 años, camina todos los días 23 cuadras desde su casa en Garupá, Misiones, hasta la Escuela de Adultos 65, donde fue elegido abanderado. El recorrido le lleva cerca de una hora y lo realiza para llegar a clases en la institución que funciona dentro del Hospital Geriátrico de Miguel Lanús. Jubilado, explicó que opta por ir a pie porque cobra $360.000 mensuales y busca evitar el gasto diario del colectivo.
La escuela forma parte de su nueva rutina luego de un período en el que perdió movilidad en las piernas. Juan Carlos asiste aproximadamente dos horas por día, participa de las actividades y comparte tiempo con otros estudiantes. Además, aprendió costura y jardinería, tareas que mantiene también cuando vuelve a su casa.
El trayecto comienza temprano. Juan Carlos se levanta alrededor de las cinco de la mañana, toma mate, escucha música y se prepara para caminar desde Garupá hasta Miguel Lanús. Aunque avanza despacio por algunas dificultades físicas que todavía tiene, volvió a trasladarse sin asistencia permanente.
El camino diario de un abanderado de la escuela de adultos
El hombre recorre 23 cuadras para no destinar parte de su jubilación al transporte. Según contó, el costo del colectivo es el motivo por el cual decidió cubrir a pie el viaje hacia la Escuela de Adultos 65.
“Soy jubilado y cobro $360.000 por mes, por eso prefiero caminar antes que gastar casi $4.000 por día en colectivo. Si gasto esa plata en transporte, después no sé cómo hago para llegar a fin de mes”, reconoció.
Al llegar, permanece cerca de dos horas en la institución que funciona en el Hospital Geriátrico de Miguel Lanús. Su asistencia sostenida y la participación en las propuestas educativas llevaron a que fuera distinguido como abanderado.
Para Juan Carlos, la vuelta a la escuela cambió la organización de sus días. Allí cursa, aprende nuevas tareas y mantiene el vínculo con los demás alumnos que concurren al espacio.
La recuperación del hombre después de una etapa difícil
Juan Carlos recuperó de manera gradual la posibilidad de moverse por sus propios medios. Durante la pandemia de Covid-19 perdió, en un período de cinco meses, a su hermano, su cuñada y su compañera de vida.
Tras esas muertes, atravesó una depresión profunda y su estado físico se deterioró hasta afectar sus movimientos cotidianos. El jubilado relató que en ese momento necesitaba arrastrarse para trasladarse de un lugar a otro.
“No me podía sentar ni levantar, me arrastraba para ir de un lado a otro”, contó Juan Carlos en diálogo con TN.
Luego de recibir atención médica, comenzó un proceso de recuperación. Con el paso del tiempo pudo volver a caminar y a realizar actividades sin depender constantemente de otra persona.
Costura, jardinería y una relación que comenzó en el geriátrico
En la escuela, Juan Carlos aprendió a usar una máquina de coser para confeccionar fundas de almohadones. Esas fundas están destinadas a chicos internados en el Hospital de Pediatría. También descubrió su interés por el cuidado de plantas y el trabajo en jardines.
“Aprendí a usar una máquina de coser para hacer las fundas de los almohadones que después reciben los chicos internados en el Hospital de Pediatría. También descubrí que me gusta mucho cuidar las plantas y trabajar en los jardines”, señaló.
En el geriátrico conoció a María, con quien mantiene una relación desde hace casi cuatro años. Según contó, ambos esperan cumplir cuatro años juntos en septiembre.
“En septiembre vamos a cumplir cuatro años juntos y la verdad es que estamos muy enamorados. Nos llevamos bárbaro y disfrutamos mucho de estar juntos”, contó.
Después de retomar los estudios y recuperar su movilidad, Juan Carlos resumió su presente con una frase: “Con mi edad no me siento viejo, al contrario, cada día me siento más joven”.


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