Mientras la gente pelea día a día para llegar a fin de mes, en Buenos Aires ya se habla de nuevos sueldos para los funcionarios nacionales a partir de 2026. El incremento, pensado como “premio” por dos años de gestión, se negocia puertas adentro entre el Gabinete y el sector karinista, que discuten cómo y cuándo aplicarlo para esquivar el ruido político y el tratamiento del Presupuesto y la reforma laboral en el Congreso.
En plena tensión económica y social, el Gobierno nacional empezó a delinear un aumento de sueldos para los altos funcionarios que se aplicaría recién en 2026, pero que ya se discute en la Casa Rosada. La medida, según se comenta en los pasillos oficiales, se presenta como un “reconocimiento por los logros alcanzados” durante los primeros dos años de gestión. El plan incluye a todos los integrantes del Gabinete y genera ruido interno por el momento y la forma en que se quiere implementar.
Dentro del Gabinete hay quienes presionan para que el incremento de sueldos rija desde el 1 de enero de 2026, de una sola vez y sin escalones. En cambio, desde el sector identificado como karinista empujan un esquema escalonado, con subas por tramos, para intentar bajar el impacto público de la medida. Esa pulseada se da mientras se calcula, con lupa, el costo político que puede traer este ajuste en la cúpula del poder.
En la Casa Rosada están terminando de acomodar las nuevas escalas salariales y, al mismo tiempo, miden cómo puede repercutir el tema en la calle y en el Congreso. La orden interna es clara: esquivar que la discusión por estos nuevos sueldos se mezcle con el debate del Presupuesto y la reforma laboral durante las sesiones extraordinarias.
Funcionarios quieren el aumento cuando “la gente se va de vacaciones”
Un alto funcionario nacional, que sigue de cerca el diseño del aumento, adelantó cuál es el cronograma que se analiza para ponerlo en marcha. Según reveló, la idea del Ejecutivo es activar el nuevo esquema “cuando la gente se va de vacaciones”, es decir, en pleno período de verano, momento en el que suele bajar la intensidad política y mediática.
Ese mismo funcionario explicó que el objetivo es que la suba de sueldos pase lo más desapercibida posible, lejos de los grandes debates públicos y sin cruzarse con las discusiones más calientes en el Congreso. Para eso, se estudian fechas y escenarios, con especial atención a cómo podría reaccionar la opinión pública cuando el tema salga a la luz.
En paralelo, ministros y otros miembros del Gabinete mantienen desde hace meses un reclamo interno por la situación salarial actual. Plantean que, con los sueldos vigentes, se vuelve muy difícil sumar equipos técnicos de alto nivel, porque la diferencia con lo que paga el sector privado es cada vez mayor y muchos profesionales optan por no entrar al Estado nacional.
Un reclamo viejo que fue frenado por el costo político
De acuerdo con las mismas fuentes oficiales, este aumento de sueldos no apareció de un día para el otro. La iniciativa ya había sido llevada en otras oportunidades al despacho del jefe de Estado, incluso antes de las últimas elecciones legislativas. En aquellas instancias, el proyecto quedó guardado por temor al impacto negativo que podía generar en plena campaña.
Ahora, con otro contexto y un calendario distinto por delante, el tema volvió a la mesa de discusión y se afinan los números para definir cómo se aplicará el incremento en 2026.

