Un estudio científico reciente reveló que las estrellas de mar, al igual que otros equinodermos, no tienen un cuerpo separado de la cabeza, sino que prácticamente son pura cabeza. El trabajo, publicado en la revista Nature, analizó cómo se organiza su anatomía y mostró que reordenaron por completo su eje corporal. Según los investigadores, este hallazgo cambia la forma en que se entiende qué parte es “cabeza” y qué parte es “cuerpo” en las estrellas de mar y podría aplicarse también a otros equinodermos como los erizos de mar.
Las estrellas de mar rompen la idea clásica de cuerpo y cabeza
Cuando alguien mira una de estas estrellas de mar, parece ver un cuerpo con cinco brazos, pero el nuevo trabajo indica otra cosa: lo que se ve no es cuerpo, es todo cabeza distribuida en forma de estrella. Los científicos compararon sus estructuras con las de otros animales y encontraron que la organización de las zonas “anteriores” típicas de la cabeza se extiende a lo largo de todo el animal.
En la mayoría de los animales bilaterales, como las personas, la mosca o muchos vertebrados, el cuerpo se puede dividir en dos mitades casi iguales. Esa simetría bilateral viene controlada por un mismo grupo de genes que decide qué parte será anterior, media o posterior del cuerpo. Esos genes funcionan de forma parecida en especies muy distintas, desde insectos hasta mamíferos.
En esos animales, lo más común es que la boca y los órganos de los sentidos se concentren en el extremo anterior, formando claramente una cabeza y dejando el resto como tronco o cuerpo. Las estrellas de mar, en cambio, al reorganizar sus ejes, muestran que esa zona “de cabeza” se expandió y terminó abarcando prácticamente toda su estructura.
De ancestros bilaterales a estrellas de mar pentámeras
Los equinodermos, grupo al que pertenecen las estrellas de mar, descienden de ancestros bilaterales que sí tenían una cabeza definida. Sin embargo, con el tiempo perdieron esa forma clásica y pasaron a tener una organización pentámera, es decir, con cinco ejes de simetría alrededor de una línea que va desde la boca hacia el lado opuesto del cuerpo.
Hasta hace poco se pensaba que, al adoptar esa forma de estrella con cinco brazos, las estrellas de mar habían dejado atrás la idea de una cabeza y de un eje claro de adelante hacia atrás. Se las describía como animales sin cabeza, sin centros nerviosos concentrados y sin una parte anterior reconocible. El nuevo estudio contradice esa imagen y plantea que no solo tienen cabeza, sino que prácticamente no tienen otra cosa.
Según la investigación publicada en Nature, los patrones genéticos que en otros animales marcan la zona de la cabeza aparecen distribuidos a lo largo de toda la estructura de las estrellas de mar. De esa manera, lo que antes se creía que era solo “cuerpo” o “brazos” corresponde, en realidad, a regiones equivalentes a la cabeza extendidas en forma radial.
Qué implica este hallazgo para la evolución de las estrellas de mar
Para la biología evolutiva, el resultado significa que los equinodermos, y en especial las estrellas de mar, no perdieron simplemente la cabeza al cambiar su forma, sino que la transformaron y la repartieron por todo el organismo. El estudio propone que reorganizaron su viejo eje bilateral hasta convertir casi todo su cuerpo en estructura de cabeza, manteniendo otras partes al mínimo.
Los autores del trabajo señalan que todavía falta comprobar si este patrón se repite en otros equinodermos, como erizos de mar o dólares de arena. De confirmarse, se trataría de una nueva manera de entender cómo este grupo marino modificó su plan corporal a lo largo de la evolución y de qué forma una cabeza puede expandirse hasta ocupar prácticamente todo el animal.

