El Día de las Trabajadoras del Hogar se definió en 1988 y, hasta hoy, sigue siendo una fecha clave para visibilizar la realidad de quienes se ganan la vida limpiando, cuidando y sosteniendo casas ajenas. En aquel primer congreso internacional de trabajadoras del hogar, realizado en Bogotá, Colombia, se marcó un antes y un después en la pelea por mejores condiciones. Desde entonces, cada vez que llega este día se vuelve a poner sobre la mesa la falta de derechos, los bajos sueldos y la necesidad urgente de reglas claras para el trabajo doméstico, tanto para mujeres como para varones.
El congreso que encendió la chispa del reclamo
En ese encuentro de 1988, que hoy se recuerda como el origen del Día de las Trabajadoras del Hogar, delegadas de distintos países discutieron cara a cara todo lo que se sufre puertas adentro de las casas donde trabajan. Se habló de jornadas larguísimas, maltrato, despidos sin explicación y empleadores que ni siquiera reconocían que se trataba de un trabajo formal. Esas experiencias fueron el punto de partida para un reclamo organizado.
Además, se puso el foco en la discriminación que viven quienes se dedican a estas tareas, muchas veces señaladas por su origen social o por el simple hecho de hacer labores domésticas. Las participantes del congreso insistieron en que ese destrato impacta directo en el bolsillo y en las oportunidades laborales.
Otro tema caliente fue la ausencia total de leyes específicas que protegieran a las trabajadoras del hogar. Sin marcos legales claros, quedaban a merced de arreglos informales, sin estabilidad y sin garantías mínimas, algo que el congreso dejó expuesto con testimonios y documentos.
Salario digno y derechos básicos en el centro del debate
Uno de los reclamos más fuertes del Día de las Trabajadoras del Hogar, nacido en ese congreso, fue el salario. Las representantes coincidieron en que el pago por las tareas domésticas estaba muy por debajo de lo que corresponde y exigieron una remuneración considerada digna, acorde al esfuerzo físico, al tiempo que demanda y a la responsabilidad de cuidar casas, chicos y personas mayores.
En las discusiones también se habló de cómo, sin un sueldo justo, el trabajo del hogar queda siempre en el último lugar de la fila, aunque sea clave para que el resto pueda salir a estudiar o laburar. Esa contradicción fue uno de los ejes que se repite cada año cuando se recuerda esta fecha.
A partir de ahí, la consigna fue clara: cada Día de las Trabajadoras del Hogar sirve para medir cuánto se avanzó y cuánto falta para que el salario deje de ser visto como “ayuda” y pase a ser reconocido como un ingreso laboral legítimo, con todos los papeles y aportes correspondientes.
Proteccion social y seguridad para quienes sostienen los hogares
Durante el congreso se remarcó que, sin protección social, las trabajadoras del hogar quedaban totalmente desamparadas frente a accidentes, enfermedades o la vejez. Entre las demandas principales apareció el reconocimiento pleno de derechos laborales y de seguridad social para quienes realizan tareas domésticas en casas particulares, desde aportes jubilatorios hasta cobertura de salud.
Las conclusiones de ese encuentro en Bogotá marcaron la línea de lo que, hasta hoy, se reclama cada vez que llega el Día de las Trabajadoras del Hogar: condiciones de trabajo claras, respeto, registro formal y acceso a los mismos derechos que cualquier otro sector laboral, tanto para mujeres como para hombres que se desempeñan en esta actividad.


Día de las Trabajadoras del Hogar: por qué se recuerda hoy esta jornada