Con más de u$s4.700 millones de deuda que vencen en enero entre Bonares y Globales, el Tesoro todavía tiene un agujero cercano a u$s2.000 millones para cubrir. Tras una primera licitación en dólares que solo aportó u$s1.000 millones, Economía mira al FMI, a un posible REPO y al swap con Estados Unidos mientras espera los billetes de la privatización de centrales hidroeléctricas, todo con el mercado mirando cada movimiento y calculando si alcanza para llegar a tiempo.
La deuda en dólares que llega en enero y el hueco que todavía falta tapar
En pleno cierre de año, el Ministerio de Economía enfrenta un mes de enero cargado: los vencimientos de deuda en moneda extranjera superan los u$s4.700 millones solo entre Bonares y Globales, y todavía quedan por cubrir alrededor de u$s3.700 millones netos. La primera movida fue volver a emitir bonos en dólares después de ocho años, una jugada que dejó sensaciones encontradas en el mercado.
Esa colocación permitió conseguir u$s1.000 millones, pero ese monto representa menos de una cuarta parte de todo lo que vence el primer mes del año. Con ese paso dado, el Gobierno redujo algo la presión, aunque la cuenta sigue siendo pesada: una parte de esa deuda ya tiene financiamiento, pero el número que todavía falta cerrar sigue arriba de los u$s2.000 millones.
Según datos oficiales al 5 de diciembre, el Tesoro contaba con unos u$s210 millones líquidos. A este monto podría sumarse, antes de que termine el año, un ingreso cercano a u$s700 millones por la privatización de cuatro centrales hidroeléctricas en la Patagonia. Si esa plata entra en tiempo y forma, el bache a cubrir para los pagos de enero bajaría, pero igual quedaría un saldo bastante superior a u$s2.000 millones que todavía no tiene financiamiento asegurado.
Con ese panorama sobre la mesa, en los despachos económicos se estudian distintas vías para llegar a enero con los dólares necesarios. La discusión no pasa solo por cómo cubrir la deuda, sino también por el costo financiero que el país tiene que aceptar para que el mercado le preste de manera voluntaria y no se cierre todavía más el grifo del crédito externo.
En paralelo, operadores y analistas siguen de cerca cada dato de reservas del Banco Central y cada movimiento del Tesoro en el mercado cambiario, porque de eso depende si la presión por los vencimientos de deuda se mantiene contenida o si puede desbordar sobre el dólar y las tasas.
Cuatro caminos en danza: FMI, REPO, dólar del mercado y SWAP con Estados Unidos
Ante el calendario de deuda que se viene, el Ministerio de Economía maneja por lo menos cuatro opciones concretas. La primera es volver a comprar dólares en el mercado cambiario oficial, tratando de aprovechar la estacionalidad de diciembre, cuando suele haber más liquidación de exportaciones. Sin embargo, en las últimas semanas se vieron ventas de divisas del propio Tesoro para atender la demanda, lo que encendió dudas sobre cuántas reservas se pueden acumular a tan corto plazo.
El segundo camino pasa por el programa con el Fondo Monetario Internacional. Si se aprueban las metas, podría destrabarse un desembolso cercano a u$s1.000 millones. En el mercado, de todos modos, se descuenta que el Gobierno buscará un “waiver” por no cumplir la meta de acumulación de reservas. Eso complica el calendario: no está claro cuándo ni cuánto dinero podría efectivamente entrar por este lado para aliviar los pagos de la deuda de enero.
La tercera alternativa es cerrar un REPO, un tipo de préstamo donde se dejan bonos soberanos en garantía y se reciben dólares por un plazo corto. El propio ministro de Economía habló de un potencial de entre u$s5.000 millones y u$s7.000 millones si se concreta este esquema. Estos acuerdos suelen ser más caros que una emisión de deuda tradicional, justamente porque tienen colateral y vencimientos más cortos, pero hoy aparecen como una herramienta clave para conseguir liquidez rápida.
La cuarta opción en estudio es habilitar un nuevo tramo del swap con Estados Unidos. Se trata de una línea que ya fue utilizada y que suma críticas de analistas que remarcan el riesgo de depender cada vez más de este tipo de mecanismo. Esta salida, según distintas fuentes del mercado, quedaría más para un escenario en el que las otras alternativas de financiamiento no alcancen para cubrir todos los vencimientos de deuda en el corto plazo.
En este menú de instrumentos, el punto en común es que ninguno es gratis: todas las vías implican aceptar tasas altas o empeñar activos como colateral. Por eso, los economistas miran no solo si se consigue o no la plata, sino cuánto termina pagando el país para poder patear hacia adelante parte de esta pesada mochila de deuda en dólares.
La licitación en dólares, la TIR polémica y el rol del REPO
La “vuelta” a la emisión de deuda en dólares dejó varias discusiones abiertas. Por un lado, los u$s1.000 millones conseguidos quedaron por debajo de lo que muchos operadores esperaban, teniendo en cuenta las señales previas del equipo económico. Por otro, la tasa interna de retorno que se convalidó, en torno al 9,25%-9,26%, encendió debate: para algunos fue un costo alto, para otros era lo que el mercado estaba dispuesto a aceptar frente al nivel de riesgo argentino.
De acuerdo con los precios observados, la TIR que aceptó el Tesoro fue comparable a la de un bono bajo ley de Nueva York, aunque menor a la de títulos como el AL29 y el AL30. Parte del mercado esperaba una tasa algo más baja, sobre todo tras las declaraciones públicas del ministro Luis Caputo. El resultado terminó siendo leído como una señal de que el riesgo país todavía es elevado y que la normalización del acceso a los mercados voluntarios de deuda sigue lejos.
Claudio Caprarulo, director de Analytica, sostuvo que esta emisión en dólares fue un primer paso hacia la recuperación del financiamiento externo, pero aclaró que “por las caraterísticas no modifica las expectativas”. Desde su mirada, el mejor escenario sería evitar volver a usar el swap con Estados Unidos y avanzar por vías de mercado menos condicionadas para cubrir los próximos vencimientos de deuda.
En la misma línea, Leo Anzelone, director de CEPEC, remarcó que la licitación fue un avance, aunque dejó expuesto que “el acceso sigue siendo muy restringido”. Detalló que el monto fue acotado, la demanda se concentró sobre todo en jugadores locales y que la tasa del 9,26% refleja que el riesgo país aún pesa sobre cualquier intento de conseguir financiamiento voluntario para enfrentar los pagos de deuda que se acercan.
Al hablar de las alternativas concretas para llegar a enero, Anzelone destacó que el REPO “aparece como la herramienta más inmediata para obtener liquidez sin recurrir a ventas de reservas”. Recordó que las operaciones más recientes del Banco Central con bancos internacionales rondaron los u$s2.000 millones, con préstamos garantizados por títulos soberanos, en línea con el tipo de operación que ahora se analiza para reforzar la caja frente a la próxima ola de deuda en dólares.
Poco margen de tiempo, FMI en duda y un mercado que mira cada movimiento
Sobre la estructura posible de un nuevo REPO, Anzelone explicó que, si se usan instrumentos del Tesoro de Estados Unidos como garantía —considerados activos sin riesgo—, el costo puede bajar levemente respecto de un esquema armado con bonos argentinos. Aun así, subrayó que continúa siendo más caro que una emisión soberana directa, pero operativamente más accesible en el contexto actual, donde el acceso al crédito está lejos de ser normal y los vencimientos de deuda están a la vuelta de la esquina.
Amílcar Collante, otro economista que sigue de cerca estos temas, indicó que esperaba un volumen algo mayor en la colocación en dólares. Señaló que el Gobierno “prefirió ir a la tasa porque, de lo contrario, habría tenido que convalidar un rendimiento más alto”. En relación con los pagos de enero, advirtió que “ya está en tiempo de descuento” y que “probablemente veamos novedades rápido respecto de si hay repo”, dada la urgencia para cubrir la deuda que viene.
Para Collante, “el tema de los REPO es que siempre tienen garantía, pero es lo más probable ahora; si no, sería una peor lectura si es por swap o por descapitalizar el Banco Central”. En su evaluación, el uso de un REPO se perfila como la herramienta más viable para cerrar el bache financiero de corto plazo, al permitir conseguir dólares sin recurrir directamente a la venta de reservas, en un momento en que la deuda en moneda extranjera presiona fuerte sobre las cuentas públicas.
Mientras tanto, el mercado sigue con atención el escaso margen de tiempo para reunir los fondos, las dificultades del Banco Central para acumular reservas de manera sostenida y las compras limitadas de dólares por parte del Tesoro en las últimas semanas. A estas señales se suman las dudas sobre la aprobación de metas con el FMI y la velocidad con la que podrían cerrarse operaciones de REPO de monto relevante.
Otro punto de seguimiento será el comportamiento del nuevo bono en dólares cuando empiece a operar en el mercado secundario. Analistas remarcan que el precio y la tasa a la que se estabilice ese papel serán una referencia clave para futuras emisiones y para determinar si la TIR cercana al 9,25%-9,26% se convierte en piso o techo para el costo de la próxima deuda que busque colocar el país en moneda extranjera.
En paralelo, el Gobierno espera el ingreso de los fondos de la privatización de las centrales hidroeléctricas y continúa las gestiones para definir si avanzará en un nuevo REPO, si conseguirá activar desembolsos del FMI, si recurrirá a compras netas de dólares en el mercado o si deberá habilitar un tramo adicional del swap con Estados Unidos para afrontar los vencimientos de deuda de enero.

