Estados Unidos e Irán llegaron a un punto límite en su histórica pelea por el estrecho de Ormuz y, si no hay acuerdo de último momento, una operación militar podría arrancar en la madrugada del miércoles 8 de abril sobre esa zona clave para el petróleo mundial. El plazo lo marcó Donald Trump, que le puso como fecha tope a Teherán el martes 7 de abril a las 20.00 (hora del este) para aceptar sus condiciones sobre ese paso marítimo. En este contexto, la tensión entre Estados Unidos e Irán ya se siente en los mercados y en las principales capitales del mundo.
Ultimátum de Trump y amenaza de guerra abierta por el estrecho
En las últimas horas, distintos países se movieron a contrarreloj para que Estados Unidos e Irán no crucen la línea de no retorno en el estrecho de Ormuz. La presión gira alrededor del ultimátum que Donald Trump lanzó con fecha y hora fija, y que podría disparar una ofensiva militar si no se destraba el bloqueo iraní. La operación bélica se menciona como una posibilidad concreta para la madrugada del miércoles 8 de abril, si antes no aparece una tregua mínima.
Pakistán se metió de lleno como mediador y trató de acercar posiciones entre el vicepresidente de Estados Unidos, JD. Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. Islamabad quedó señalada como la posible sede de una reunión secreta, pensada para evitar que la pelea por Ormuz explote por los aires. Además, en segundo plano, se nombran a China, Qatar y la Unión Europea como jugadores que podrían ayudar a bajar el fuego.
Sin embargo, la gestión pakistaní quedó congelada cuando Trump endureció aún más su postura y ató cualquier cese del fuego a un solo punto: la apertura inmediata del estrecho de Ormuz. Desde ese momento, toda la discusión entre Estados Unidos e Irán giró alrededor de esa franja de agua por donde circula buena parte de la energía del planeta, dejando a un costado otros reclamos viejos de Washington.
Según se describe en informes internos, el proyecto nuclear iraní, la fabricación constante de misiles y el respaldo de Teherán a grupos como Hezbollah y los Hutíes pasaron a un segundo plano. Ahora, para la Casa Blanca, el corazón del problema se llama Ormuz. La gran duda es si las autoridades iraníes aceptarán algún tipo de fórmula que limite su control sobre ese paso, al menos lo suficiente como para que Trump levante el pie del acelerador militar.
Frases explosivas, bloqueo de Irán y el rol del petróleo que mira todo el mundo
Donald Trump fue puesto al tanto por el Pentágono y por la CIA sobre cada detalle del sistema defensivo que Irán tiene armado alrededor del estrecho de Ormuz. Aun así, mantuvo una condición innegociable: que el régimen chiíta vuelva a permitir el flujo de hidrocarburos por la zona. El propio Trump usó sus redes para lanzar advertencias directas a Irán y dejó claro que está dispuesto a ir a fondo por el control de Ormuz.
En su plataforma Truth Social, Trump escribió: “Abran el maldito estrecho, o vivirán en el infierno”. En otro mensaje dirigido a la cúpula iraní, redobló la apuesta: “Si no cierran un acuerdo, y pronto, estoy considerando hacerlo volar todo por los aires”. Esas frases, replicadas en cadenas internacionales y en miles de cuentas en redes sociales, subieron la temperatura del conflicto entre Estados Unidos e Irán en cuestión de minutos.
La respuesta pública desde Irán llegó desde la Armada, que eligió la red X para marcar su posición. En un mensaje que se hizo viral, la fuerza naval planteó que “El Estrecho de Ormuz nunca volverá a su estado anterior, especialmente para Estados Unidos e Israel”. Según comunicó Pakistán al Departamento de Estado, Irán mantiene su rechazo a cualquier propuesta que implique dejar de manejar la zona como lo viene haciendo hasta ahora.
El cruce de mensajes entre las dos potencias metió más ruido en un escenario ya cargado. Hasta hace una semana, la controversia principal giraba alrededor de la capacidad del régimen iraní para fabricar nueve bombas atómicas y sobre los 600 kilos de uranio enriquecido que tendría en su poder. Ahora, esa discusión quedó tapada y toda la atención se clava en el estrecho de Ormuz y en las condiciones concretas para su reapertura, con Estados Unidos presionando al límite.
El estrecho de Ormuz es un cuello de botella energético: por ahí pasa cerca del 20 por ciento del petróleo que sale de Medio Oriente hacia Occidente, incluida buena parte de los envíos hacia Europa y Estados Unidos. El bloqueo impuesto por Irán ya pegó en el precio de la gasolina y de los fertilizantes que se venden en territorio norteamericano, lo que refuerza en Teherán la idea de que ese paso marítimo es la carta fuerte en su pulseada con Washington.
Las cinco islas que blindan a Irán y complican a EE.UU en Ormuz
Para sostener su posición en Ormuz, Irán montó un entramado militar apoyado en cinco islas: Tunb Menor, Tunb Mayor, Abu Musa, Larak y Qeshm. Estas islas forman un arco defensivo con minas, misiles y tropas que busca frenar cualquier ataque y, a la vez, controlar cada barco que intenta atravesar el estrecho. Los informes señalan que cada punto cumple una función táctica distinta, pero todos están coordinados.
Abu Musa es el primer gran obstáculo al ingresar al estrecho. En esa isla, Irán desplegó misiles defensivos y construyó fortificaciones subterráneas. Durante la guerra contra Irak, la Guardia Revolucionaria ya había usado ese lugar como base para operaciones navales, y esa experiencia fue reciclada en el diseño actual. Desde ahí se cubre uno de los accesos de mayor tráfico de buques cargados de crudo.
Mirando hacia Occidente aparecen Tunb Mayor y Tunb Menor, que completan el arco estratégico y se ubican en el camino obligado de los petroleros. Ambas cuentan con sistemas antiaéreos, misiles balísticos y drones, herramientas que le dan a Irán capacidad para vigilar y, si lo decide, atacar barcos o aviones que pasen por la zona. Por su localización, se transforman en un filtro casi ineludible para cualquier nave que busque salir o entrar por Ormuz, algo que Estados Unidos mira con especial preocupación.
Más adelante está Larak, señalada en los documentos militares como pieza central para tener la llave del paso. La isla dispone de un arsenal de misiles, un sistema ruso de interferencia satelital y un batallón de infantería naval. Desde allí, Teherán extiende su vigilancia sobre el corredor marítimo, en enlace con otros puntos instalados en la región, y controla gran parte de las rutas que usan los barcos petroleros.
Debido a las minas colocadas en el lecho marino, los buques que transportan hidrocarburos se ven obligados a seguir un corredor bien definido entre Larak y Qeshm. En ese tramo, la Guardia Revolucionaria supervisa de cerca el paso de las embarcaciones y aplica el cobro de peajes, consolidando así un dominio efectivo sobre la navegación en el estrecho de Ormuz que presiona directamente sobre los intereses de Estados Unidos y de otros compradores de crudo.
Qeshm es presentada como la joya del esquema defensivo iraní en Ormuz. En esa isla, la Guardia Revolucionaria construyó una red de túneles y bunkers con silos ocultos para guardar misiles balísticos. Estas instalaciones subterráneas resguardan el arsenal y amplían las opciones de lanzamiento, al mismo tiempo que complican la detección y neutralización por parte de eventuales fuerzas atacantes.
En Qeshm también opera la 112.ª Brigada Naval de Combate de la Marina de la Guardia Revolucionaria. Esta unidad dispone de lanchas rápidas de ataque con lanzacohetes y torpedos, preparadas para pelear en el entorno reducido del estrecho. El despliegue de esta brigada se integra al dispositivo general con el que Teherán apunta a frenar o disuadir operaciones navales de Estados Unidos u otros aliados de Occidente.
Mientras Irán afianza esa red defensiva, en Washington se analizan distintas opciones sobre el escritorio presidencial. Se indica que Trump recibió varias propuestas de la Secretaría de Guerra con posibles operaciones militares complejas, que combinarían recursos del Pentágono en caso de que fracasen los contactos diplomáticos antes del vencimiento del ultimátum del martes 7 de abril a las 20.00 (hora del este). Según la comunicación oficial, Pakistán informó al Departamento de Estado que Irán sigue sin aceptar ninguna fórmula que implique ceder poder en Ormuz y que, por eso, las próximas 48 horas se consideran decisivas para saber si habrá tregua entre Washington y Teherán o escalada abierta por el estrecho de Ormuz.

