La situación de los comedores barriales en Salta volvió a encender una alerta por el aumento de personas que buscan asistencia. En la zona de San Antonio–Ceferino, el comedor “Sopita de Letras” alcanza actualmente a alrededor de 150 personas por jornada, en un contexto que su presidenta, Gloria Escalante, definió como de crisis por la fuerte suba de familias que llegan por comida y abrigo. Según explicó, el espacio sigue entregando viandas y ropa de invierno, aunque debió achicar sus días de atención por falta de recursos. La asistencia, de todos modos, continúa de manera permanente para quienes se acercan al lugar.
La alerta creció por la llegada de más familias a los comedores barriales
Gloria Escalante contó que en “Sopita de Letras” se registró un incremento marcado en la demanda. “Muchísimo aumentó la gente. Familias completas vienen a pedir comida”, advirtió al describir el movimiento que hoy tiene el comedor solidario.
De acuerdo con sus datos, el lugar tiene registradas unas 30 familias. Entre ellas aparecen grupos numerosos y también hogares donde adultos mayores quedaron a cargo de niños, una situación que, según relató, se repite entre quienes buscan ayuda.
La asistencia no se limita a un plato de comida. Además de las viandas, en el comedor también se entrega ropa de abrigo para quienes llegan con esa necesidad. “El que viene es porque tiene hambre, y el que tiene frío es porque necesita abrigo”, resumió Escalante.
La crisis de recursos redujo la atención, pero la ayuda sigue
Mientras la demanda subió, el funcionamiento del espacio se achicó. Escalante indicó que antes el comedor abría varios días por semana, pero ahora solamente atiende los viernes, ya que los recursos no alcanzan para sostener el esquema anterior.
“Hoy solamente abrimos el viernes porque la situación no alcanza. No alcanza para nada”, sostuvo en declaraciones a Aries. Aun con esa reducción, precisó que la asistencia se mantiene y que el trabajo solidario sigue activo en el lugar.
La referente también vinculó este momento con un escenario más duro que el de otros años. “Hace dos años fue tremendo, y en estos momentos es terrible lo que se está pasando. Se sumó muchísima gente que necesita ayuda”, afirmó.
Sopita de Letras funciona hace 26 años y también cuida a adultos mayores
El comedor cumple 26 años de trabajo ininterrumpido. En sus comienzos funcionaba como un espacio pequeño orientado a chicos, aunque con el paso del tiempo fue ampliando su tarea hasta acompañar a familias enteras y a personas mayores en situación de vulnerabilidad.
“Pasó a ser para familias y ahora se generalizó todo”, explicó Escalante. Además de la entrega de alimentos, “Sopita de Letras” funciona como hogar para adultos mayores. Actualmente viven allí cuatro abuelos que reciben asistencia diaria y, según detalló, requieren cuidados permanentes.
La red de ayuda sostiene el trabajo del comedor en la zona barrial
La tarea del lugar se mantiene con aportes de padrinos solidarios. Escalante señaló que colaboran instituciones, iglesias, vecinos y personas particulares que se acercan desde hace años para acompañar el funcionamiento del comedor.
“Hay gente de todos lados, empresarios, iglesias, personas anónimas. Todo suma”, señaló. En ese marco, remarcó que cada contribución se destina a quienes asisten al espacio en busca de ayuda concreta.
Sobre la preparación de los alimentos, también explicó cómo sostiene la tarea diaria: “Yo cocino como si fuera para mis hijos, con mucho amor y fe”. Quienes deseen colaborar pueden acercar donaciones directamente al lugar o coordinar la ayuda a través del teléfono 3875 39-9109. “Todo lo que llega es para la gente. Acá nadie se queda con nada”.

