A los 72 años, un salteño dejó mudos a estudiantes y docentes de la UNSA: Carlos Ponce se convirtió en flamante licenciado en Filosofía y, casi sin descanso, ya tiene fecha para volver a mostrarse en público, esta vez en modo artista. La defensa de su tesis en la Facultad de Humanidades ocurrió ayer y terminó entre abrazos, lágrimas y gritos de alegría, mientras que el próximo gran paso será el viernes 17, cuando inaugurará una muestra de esculturas en plena avenida Belgrano, dentro del Abril Cultural salteño.
En cuestión de horas, el nombre de Carlos Ponce empezó a circular con fuerza entre pasillos de la Universidad Nacional de Salta (UNSA) y grupos de WhatsApp, sobre todo por un dato que sacude prejuicios: tiene 72 años y no se guardó nada al contar cómo llegó al título después de más de dos décadas de cursado intermitente. Desde su entorno resaltan que el recorrido fue largo, lleno de trabajo, familia y cuentas por pagar, pero que nunca soltó los apuntes.
Mientras dentro de la UNSA todavía se comenta la escena de la defensa de tesis, ya se confirmó que la próxima aparición pública del artista y nuevo licenciado será en la sala Ábaco del Consejo Profesional de Ciencias Económicas, en avenida Belgrano 1641, donde presentará “Manos a la obra”, una exposición con esculturas en madera y piedra, más lecturas y música en vivo desde las 19.
De la ovación al anuncio de una muestra explosiva
La parte académica tuvo su momento fuerte ayer en la Facultad de Humanidades de la UNSA. En una sala del primer piso, Carlos Ponce, de 72 años, defendió su tesis en el área de Filosofía de la Historia ante el jurado. El clima arrancó formal, pero terminó totalmente desbordado: apenas se confirmó que estaba aprobado, aparecieron los aplausos, los abrazos y hasta algunos llantos que descolocaron a quienes no conocían la historia completa.
El propio protagonista definió esa jornada con pocas palabras, pero muy cargadas: habló de “mucha satisfacción… y gratitud también por la familia que me acompañó”. Esa frase se escuchó varias veces en los pasillos, porque más de uno no podía creer que estuviera terminando la carrera a esa edad y sin venir de un perfil académico típico. Varios testigos coinciden en que, después del “aprobado”, la sala quedó chica para tanto festejo.
La escena tuvo un condimento que llamó la atención: casi todas sus hijas se hicieron presentes para verlo cerrar más de veinte años de idas y vueltas en la universidad. Lo siguieron de cerca durante la defensa y también en el momento en que se confirmaba que, por fin, era licenciado. Ponce remarcó que sin ese círculo íntimo, el camino por la UNSA habría sido mucho más pesado, sobre todo en la parte final, cuando preparaba la tesis.
La historia no terminó en ese acto. En paralelo, ya está definido que el viernes 17, a las 19, en la sala Ábaco, abrirá la muestra “Manos a la obra”, donde se verán esculturas en madera y piedra. Además, el encuentro sumará una mesa de lecturas de relatos breves a cargo del grupo Microsfera, una presentación especial de Gabriela Dueña y canciones en vivo interpretadas por Bernardita Ponce Mora, lo que promete una combinación intensa de literatura, música y artes visuales en el marco del Abril Cultural salteño.
“Tengo 72 años”: el mensaje que retumbó entre estudiantes y docentes
Entre los muchos datos que rodean a este nuevo licenciado de la UNSA, hay uno que se volvió casi eslogan: “Setenta y dos años”. Con esa frase, repetida varias veces, Ponce resumió frente a quienes se le acercaban lo que implicó llegar al título. Aseguró que la edad no le frenó el plan de terminar la carrera de Filosofía y fue más allá al hablarles a quienes dudan de estudiar siendo adultos.
“Yo les digo que se puede, que siempre se puede”, lanzó, dirigiéndose a los que están pensando en empezar o retomar estudios después de muchos años. Y enseguida reforzó esa idea: “A cualquier edad. Yo tengo 72 y lo logré”. Esas palabras corrieron rápido por la Facultad de Humanidades y varios estudiantes contaron que les generó impacto escuchar semejante declaración justo antes de época de parciales.
El recorrido de Ponce hacia el título no fue lineal. Se estiró por más de 20 años, cruzado por trabajos, obligaciones familiares y todo tipo de imprevistos que lo obligaron a frenar y retomar materias, finales y prácticos. Según detalló, la clave fue no abandonar del todo: cuando el trabajo o la familia lo desbordaban, bajaba el ritmo, pero siempre volvía a la UNSA. Al recordar ese camino, se quedó con una sola frase: “Hay que buscarle la vuelta, pero no hay que desanimar”.
Lejos de venir de una carrera académica tradicional, Ponce se presenta como artista plástico y comerciante. Tiene experiencia en talla en madera, pintura y otras expresiones visuales, y durante muchos años trabajó como vendedor de seguros. Mientras se movía en ese mundo, empezó a crecerle la curiosidad por la Filosofía y por tratar de entender qué hay detrás de lo que se vive todos los días. “Siempre me gustó, siempre me pareció importante… uno busca encontrarle sentido a las cosas, a la vida”, explicó al contar por qué se inscribió en la universidad pública salteña.
Familia, filosofía y un futuro abierto despues del título
La decisión de empezar la carrera en la UNSA no fue un simple trámite. Implicó meter otra rutina pesada en una vida ya cargada de trabajo y crianza. Ponce tiene cuatro hijas: Bernardita, María Clara, Mercedes y María Paz. A eso se suma su compañera de vida, María Celia. Él mismo remarca que todas ellas tuvieron un rol clave en los años de cursado, especialmente cuando el cansancio lo hacía pensar en dejar alguna materia para más adelante.
Dentro de esa red cotidiana se apoyó para ir sacando las materias de la Facultad de Humanidades, preparar parciales nocturnos después del trabajo y encarar la tesis que finalmente presentó ayer. Al ser consultado sobre qué va a hacer ahora con el título de licenciado en Filosofía, no cerró ninguna puerta: dijo que no descarta dedicarse profesionalmente a este campo y agregó con firmeza: “Si tengo oportunidad de trabajar de esto, me encantaría”. Al mismo tiempo, remarcó que para él el estudio no se reduce a una salida laboral y lo definió como “una manera muy interesante de ocupar el tiempo”.
En sus reflexiones vuelve una y otra vez la idea de búsqueda personal, algo que, según él, también nota en mucha gente alrededor. Para Ponce, la Filosofía está ligada a encontrar una orientación propia y lo expresó con una frase que repite con convicción: “Filosofía, para darle el sentido a la vida; pero un sentido propio”. También señaló que percibe una inquietud social cada vez más fuerte en esa línea y la conectó directamente con lo que lo sostuvo durante más de veinte años de estudios hasta llegar a la licenciatura en Filosofía en la Universidad Nacional de Salta.


A los 72 años, Carlos Ponce obtuvo su título de licenciado en la UNSa