Argentina quedó en el ojo de la tormenta internacional tras votar en contra de una resolución de la ONU que declara a la esclavitud transatlántica como “el mayor crimen contra la humanidad” y abre la puerta a reparaciones. La decisión se tomó en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde el país se alineó con Estados Unidos e Israel y quedó enfrentado a una mayoría abrumadora de 123 Estados que apoyaron el texto. La discusión, que ya genera ruido en redes y medios del mundo, expone cómo la ONU mira hoy el pasado esclavista y cómo argentina se para frente a ese debate.
Argentina se plantó en la ONU y votó contra la resolución sobre esclavitud
Argentina quedó en el grupo mínimo de países que rechazaron la resolución de la ONU sobre esclavitud transatlántica, junto a Estados Unidos e Israel, mientras la amplia mayoría del planeta acompañó el proyecto impulsado por Ghana. La votación se dio en la Asamblea General y terminó armando un mapa global donde la posición argentina quedó claramente aislada del bloque mayoritario.
El documento aprobado califica al tráfico transatlántico de africanos esclavizados como la injusticia “más inhumana y persistente” contra la humanidad y lo define directamente como “el mayor crimen contra la humanidad”. Además, vincula ese sistema de esclavitud con desigualdades raciales, económicas y sociales que, según el texto, siguen pegando fuerte hasta hoy en distintos países y comunidades.
La iniciativa fue presentada por Ghana y logró 123 votos afirmativos. Del otro lado, solo tres países se animaron al “no”: Argentina, Estados Unidos e Israel. Hubo además 52 abstenciones, muchas de ellas de Estados europeos históricamente señalados como protagonistas del comercio transatlántico de personas esclavizadas entre los siglos XV y XIX, que optaron por correrse sin apoyar ni rechazar.
La resolución no es jurídicamente obligatoria, pero en la ONU se la considera de fuerte peso político. Se centra en las consecuencias actuales de aquel sistema esclavista, que implicó el traslado forzado de al menos 12,5 millones de personas desde África hacia América y otras regiones, un dato que volvió a sobrevolar el recinto en casi todas las intervenciones.
El rol de la delegación argentina y el alineamiento con Estados Unidos e Israel
La representación argentina en la ONU, encabezada por Francisco Fabián Tropepi, se ubicó de lleno en el bloque de rechazo junto a Washington y Tel Aviv, en lugar de seguir la línea de varios países europeos que eligieron la abstención. De esa forma, el país se diferenció tanto de la mayoría que acompañó como de los que optaron por no confrontar de manera abierta.
Mientras distintos Estados europeos explicaban su abstención con “objeciones legales y fácticas” sobre cómo aplicar normas internacionales a hechos históricos, la postura argentina fue más tajante: se sumó al voto negativo que impulsó Estados Unidos y al que también adhirió Israel. Esa decisión dejó en claro un alineamiento directo en una sesión donde la palabra “esclavitud” y la discusión sobre reparaciones se volvieron eje central.
La delegación estadounidense fue una de las más duras en el debate. Su intervención cuestionó el enfoque de la resolución y habló de un “uso cínico” de injusticias históricas para repartir recursos en el presente. También planteó que no estaba de acuerdo con jerarquizar delitos de lesa humanidad, y señaló como problemático ubicar a la esclavitud transatlántica por encima de otros crímenes dentro de esa misma categoría.
En paralelo, el comportamiento argentino en esta votación fue leído en distintos foros diplomáticos como parte de una línea de acción que, desde la llegada de Javier Milei a la presidencia en diciembre de 2023, viene marcando un acercamiento sostenido a las posiciones de Washington y Tel Aviv en temas de seguridad internacional, Medio Oriente y discusiones de derechos humanos.
El peso político y simbólico de la votación en la ONU
La resolución sobre esclavitud aprobada en la ONU no genera obligaciones legales inmediatas, pero marca un gesto fuerte en el tablero internacional porque es la primera vez que el organismo adopta formalmente un texto que no solo reconoce la esclavitud transatlántica como crimen contra la humanidad, sino que también habilita hablar de mecanismos concretos de reparación.
El texto se enlaza con un proceso que se viene cocinando hace tiempo en África. La Unión Africana trabaja en una posición común entre sus 55 Estados miembros sobre qué tipo de reparaciones exigir a las antiguas potencias coloniales. La votación en la Asamblea General se sumó a ese camino y reforzó el reclamo de países que señalan que las huellas del “triángulo esclavista” se sienten todavía hoy en la distribución de la riqueza, el racismo estructural y las brechas sociales.
Ghana al frente del reclamo y el debate por las reparaciones históricas
Ghana tomó la delantera en la ONU y presentó la resolución para empujar una “justicia histórica” por la esclavitud transatlántica, vinculando el pasado con problemas muy concretos del presente. Las autoridades de ese país de África Occidental insistieron en que el legado del comercio esclavista se ve hoy en múltiples desigualdades que afectan a poblaciones de origen africano dentro y fuera del continente.
El ministro de Relaciones Exteriores ghanés, Samuel Ablakwa, usó un tono filoso en el recinto. Durante su discurso remarcó que “la historia no desaparece cuando se ignora… la verdad no se debilita cuando se retrasa y la justicia no expira con el tiempo”. Con esa frase, buscó dejar claro que, para su gobierno, los crímenes de la esclavitud siguen teniendo peso político y jurídico en pleno siglo XXI.
El presidente de Ghana, John Dramani Mahama, señalado como uno de los principales cerebros de la iniciativa, explicó la idea central del proyecto como una “ruta de sanación y justicia reparativa global”. Según detalló, ese camino podría incluir disculpas oficiales de los Estados involucrados, compensaciones económicas, devolución de bienes culturales y compromisos formales de no repetición de prácticas similares.
En la Asamblea se repitió que el comercio transatlántico de esclavos, que se extendió entre los siglos XV y XIX, movilizó a al menos 12,5 millones de personas africanas a distintos destinos. El texto aprobado por los 123 Estados que votaron a favor subrayó que esas dinámicas dejaron una marca profunda en cómo se reparte hoy la riqueza en el mundo y en la forma que tomaron las desigualdades raciales en diferentes países.
La ONU mira a Argentina por derechos humanos y memoria
Mientras se daba el debate por la esclavitud en la ONU, otro informe del organismo volvió a poner bajo la lupa la situación de derechos humanos en Argentina, a casi cinco décadas del golpe de Estado de 1976. Un grupo de expertos difundió un documento donde habla de un “rápido deterioro del liderazgo mundial de Argentina” en memoria, verdad y justicia.
Ese informe recordó que durante años el país fue mostrado en el exterior como un ejemplo de justicia transicional, mencionando la CONADEP, el Juicio a las Juntas militares y los procesos judiciales que llevaron al banquillo a más de mil acusados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. Todo ese recorrido histórico fue señalado como un antecedente que, según los expertos, ahora se ve tensionado.
De acuerdo con el documento, a partir de 2024 se detectaron medidas calificadas como regresivas: mencionan el debilitamiento de instituciones dedicadas a la memoria, trabas para acceder a archivos sobre violaciones a los derechos humanos, menor impulso estatal a investigaciones judiciales y retrocesos en programas de reparación para víctimas.
Las observaciones del grupo incluyeron una advertencia concreta: estas medidas podrían “socavar los cimientos de la justicia transicional, la democracia y el Estado de derecho”. Además, se expresó preocupación por la expansión de “discursos negacionistas” y por la eventual habilitación de indultos en causas vinculadas a graves violaciones a los derechos humanos, puntos que se siguieron de cerca en el ámbito de Naciones Unidas.
Un mapa global partido entre apoyos, rechazos y abstenciones
La votación sobre esclavitud en la Asamblea General dejó un mapa claro: gran parte de África y numerosos Estados de otras regiones apoyaron la resolución, mientras un puñado la rechazó y un bloque importante se abstuvo. En ese esquema, Argentina quedó anotada en el grupo más chico, el que votó en contra junto a Estados Unidos e Israel.
Al cierre de la sesión, desde Ghana se remarcó que el objetivo central de la resolución no es solo enunciar un principio, sino abrir el juego para que los Estados discutan medidas concretas de reparación. En la lista de alternativas mencionadas aparecieron mecanismos financieros, devolución de piezas y objetos sacados de África durante el período esclavista y compromisos para evitar que se repitan prácticas comparables en el futuro.
El secretario general de la ONU, António Guterres, también intervino en el debate y pidió una respuesta de “mucha mayor envergadura” frente a las injusticias históricas, en un contexto global marcado por más conflictos armados y un crecimiento de reclamos de reparación. Ese llamado se sumó al clima tenso de una sesión donde la palabra “esclavitud” volvió a ocupar el centro del escenario internacional y donde la posición de Argentina quedó registrada en las actas junto al reducido grupo de votos negativos.


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