Un fuerte operativo de seguridad se activó en las fronteras del norte argentino y en toda la hidrovía, en medio de una dura guerra en Medio Oriente que encendió la alerta internacional. El Gobierno nacional decidió sostener el nivel de riesgo “Alto” y reforzar los controles en pasos limítrofes sensibles de Salta, Misiones y Corrientes, donde las fuerzas federales miran de cerca posibles movimientos de células ligadas a grupos extremistas. Los puntos calientes se concentran en la zona con Bolivia y Paraguay, además de la triple frontera, convertida otra vez en foco de sospechas.
Según se informó, el esquema especial de vigilancia se puso en marcha tras la nueva escalada bélica entre Estados Unidos, Israel e Irán, y se apoya en informes de inteligencia que marcan presencia de estructuras vinculadas a Hezbolá en países vecinos. El operativo se coordina desde el Ministerio de Seguridad de la Nación, con Migraciones y organismos de inteligencia trabajando en conjunto en los pasos fronterizos y en los puertos fluviales estratégicos.
En este marco, los controles impactan de lleno en la vida diaria de quienes cruzan a pie, en auto o por río en el norte del país, con revisiones más largas, más preguntas y vigilancia sostenida en rutas, puentes y zonas ribereñas.
Refuerzan la frontera del norte salteño y la hidrovía bajo protocolo excepcional
La directora nacional de Vigilancia y Control de Fronteras e Hidrovías, Virginia Cornejo, detalló que desde el 1 de marzo rige un protocolo excepcional en los límites internacionales. Los refuerzos cubren los pasos de Salta con Bolivia y Paraguay, la triple frontera de Misiones y la franja de la hidrovía sobre el río Paraná en Corrientes. El dispositivo incluye mayor presencia de fuerzas federales, controles más estrictos de documentación y monitoreo permanente de movimientos sospechosos.
Cornejo explicó que este operativo se articula con la Dirección Nacional de Migraciones y la Secretaría de Inteligencia de Estado, que manejan reportes actualizados sobre personas, cargas y embarcaciones que circulan por estos corredores. A la vigilancia en tierra se suma el patrullaje fluvial sobre el Paraná, con foco en muelles y puertos donde suele haber intenso movimiento comercial y de barcos de distinto porte.
En Salta, la lupa se posa sobre pasos muy usados por salteños que viajan a comprar, trabajar o visitar familia del otro lado de la frontera. Aunque las autoridades no detallaron números ni cantidades de efectivos, remarcaron que el esquema es de “máxima atención” y que la orden es no bajar el nivel de control mientras siga la tensión en Medio Oriente.
La muerte de Jameneí que encendió la alerta antiterrorista
El refuerzo de seguridad se disparó el domingo 1 de marzo, cuando se confirmó la muerte del líder del Estado teocrático iraní, Alí Jameneí. Ese mismo día, el régimen de los ayatolás difundió una fetua dirigida “a todos los musulmanes” para vengar la “muerte del mártir”. Especialistas en terrorismo leyeron esa orden religiosa como un guiño directo a posibles células dormidas y a los llamados “lobos solitarios” repartidos en países de Occidente.
Tras esa fetua, la Agencia Policial de la Unión Europea decidió subir el nivel de riesgo por terrorismo y por eventuales ciberataques masivos a la categoría “elevada”. A partir de esa advertencia, gobiernos como los de Francia, Alemania y el Reino Unido endurecieron aún más sus medidas de control interno, tanto en aeropuertos y estaciones, como en redes y sistemas informáticos críticos.
En América Latina, el caso argentino quedó bajo la lupa porque se posicionó como el único país de la región que expresó respaldo a los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán y el Líbano. En ese contexto, la nueva amenaza volvió a traer a la memoria los atentados contra la Embajada de Israel en 1992 y contra la AMIA en 1994, todavía sin responsables condenados en forma definitiva.
Informes de inteligencia señalan células de Hezbolá cerca de las fronteras
De acuerdo con reportes manejados desde hace tiempo por el Ministerio de Seguridad y la Secretaría de Inteligencia, existirían registros de al menos 120 células dormidas de Hezbolá instaladas en Bolivia y Venezuela. Los documentos describen vínculos entre esa organización y grandes cárteles del narcotráfico, con foco en lavado de dinero, tráfico de armas y maniobras de narcoterrorismo, lo que enciende todavía más las alarmas sobre las fronteras del norte y los corredores de la hidrovía.
Las investigaciones no se quedan ahí: en Chile, la Fiscalía Nacional sigue pistas sobre un núcleo de Hezbolá detectado en Iquique. Según esos reportes, detrás de operaciones comerciales en la Zona Franca se identificaron conexiones con la principal base de financiamiento del grupo en el Cono Sur, ubicada en la triple frontera entre Foz de Iguazú, Ciudad del Este y la provincia de Misiones. En esa zona limítrofe, informes de inteligencia señalan que el régimen iraní habría consolidado lazos con comunidades de origen libanés que, según los documentos, tuvieron un rol central en el atentado contra la AMIA y seguirían ligadas a tareas de reclutamiento coordinadas desde Teherán y Beirut.

