Los accidentes viales en Salta, junto con la detección de conductores alcoholizados durante los últimos días, volvieron a poner el foco sobre las medidas para reducir los siniestros en calles y rutas. Rodrigo Sauma, referente del Observatorio Salvemos Vidas, sostuvo que las cámaras, las fotomultas y el sistema de scoring pueden aportar, aunque planteó que deben combinarse con controles móviles, educación vial e infraestructura orientada a prevenir consecuencias graves.
En la provincia ya funcionan distintas herramientas vinculadas a la seguridad vial, entre ellas las cámaras de seguridad, los reductores de velocidad y las campañas de concientización. A esos recursos se agregó recientemente el sistema de scoring.
Sin embargo, Sauma consideró que ninguna medida aislada alcanza para enfrentar la siniestralidad. Su planteo apunta a articular acciones de prevención, fiscalización y formación desde las primeras etapas escolares.
Los controles viales no deberían quedar limitados a las cámaras
Para el referente del Observatorio Salvemos Vidas, la tecnología puede ser útil para detectar infracciones, pero no debería ser el único recurso utilizado en materia de seguridad vial. “El control vial no puede reducirse a la fiscalización fotográfica fija”, afirmó.
Sauma indicó que los datos reunidos sobre los sectores donde existen mayores riesgos podrían servir para definir operativos móviles, dinámicos y sorpresivos. De esa manera, según explicó, los controles tendrían una función preventiva además de aplicar sanciones cuando la infracción ya fue cometida.
El planteo incluye las herramientas que ya están presentes en Salta, como las cámaras, las fotomultas y los reductores de velocidad. También contempla el uso de información sobre los lugares de mayor circulación o riesgo para organizar la fiscalización en esos puntos.
La educación vial aparece como otro eje para prevenir siniestros
Sauma señaló que la seguridad vial se trabaja actualmente en las escuelas como un eje transversal. No obstante, consideró necesario que tenga mayor seguimiento y un lugar más definido dentro de la enseñanza.
“La formación no debe limitarse a charlas esporádicas sobre señales de tránsito”, sostuvo Sauma. Propuso que la educación vial cuente con un espacio específico en la currícula, con contenidos sobre percepción del riesgo, respeto por el espacio público y convivencia entre peatones, ciclistas y conductores.
Infraestructura segura para reducir las consecuencias de los accidentes
El tercer componente mencionado por Sauma es la infraestructura. “La infraestructura es importante, mayores controles y, por supuesto la seguridad vial en las instituciones escolares”, expresó al referirse a la necesidad de aplicar esas herramientas de forma conjunta.
Su postura se vincula con el concepto de “Sistema Seguro”, impulsado por la Organización Mundial de la Salud y Naciones Unidas. Ese enfoque reconoce que las personas pueden cometer errores al circular y plantea que prevenir una muerte no debe depender solamente de quien maneja.
En ese sentido, habló de avanzar hacia “calles y rutas que perdonan”, es decir, vías donde un despiste o una equivocación no termine necesariamente en una tragedia. Entre las medidas citadas mencionó barreras de contención adecuadas, espacios seguros para peatones y ciclistas, y Zonas 30 en áreas con alta circulación de personas.
También propuso ampliar las calles de convivencia y llevar esas medidas a los barrios y a los entornos escolares. Sobre esos sectores, señaló que “la probabilidad de supervivencia de un peatón supera el 90%”.
“Los siniestros son predecibles y, por lo tanto, evitables”, sostuvo Sauma.

